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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Todo estupendito


Allrighty!!!!

Hoy toca tomarse las cosas con humor. 

Ya veréis, ya, cuando lleguéis (si llegáis al final), pero ya os digo que es una historia a lo juego de tronos, de hielo y fuego).

En fin: allrighty!!! 

Decían más que cualquier otra expresión en el local donde desayuné (más de eso cuando toque revisión gastronómica). Que no es más que una tontería, una cursilada que se podría traducir de muchas formas, cada cual más ridícula: todo estupendito, está clarito, chachi piruli... Para no molestar a traductores, usaré el allrighty y punto.

Pero es que el día ha sido de tomárselo así o no se llegaba al final. Sobre todo, porque ha sido un día muuuy largo en la carretera. Salí a las seis de la mañana y he llegado al hotel de Wyoming a camino del de Psicosis y La Parada de los monstruos a eso de las siete. No ha sido todo al volante. Aunque casi todo. Hoy tocaba paliza a través del Parque Yellowstone. Una ideaca a la que se la cayó lo de -aca a mitad de jornada. 

A todo eso se añade que siempre cuando llego lo más lejos de cada ruta y me vuelve volver se me hace cuesta arriba. 

                                           Entrada noreste a Yellowstone, con su bandera a media asta por el 11-S                                                

Un mapa lo aguanta todo, una previsión de google, pues como también, Incluso la aplicación calcula la velocidad máxima, que en Yellowstone no se pueden superar los 60 en el mejor de los casos... 

Y no, no es el caso. Lo primero es que Yellowstone parecía el fin de semana de San Fermín de la gente que había: un miércoles de mediados de septiembre, con todos los niños en clase... y los jubilados en carretera. Que está muy bien ser prudente, pero si la autoridad competente te dice que puedes ir a 60, no me vayas a 30. 

No me frenes cada dos por tres.

No le hagas una foto a una nube y montes una cola por eso. 

Tú, jubilado de USA que va a 30 por hora. 

Lo que no te sobra es tiempo.

13 horas al volante. 

Allrighty!!! 


Que el paisaje va compensando. Es cierto que el acceso por el noreste de Wyoming (o sureste de Montana) es espectacular incluso antes de llegar a Yellowstone como tal. Hay quien dice que la Beartooth Highway es la más bonita de USA. De lo que yo he visto (un poco de falsa modestia), es verdad. Pasas por carretera de montaña muy alta (cuando se llega a los 3.000 metros ya no se baja en casi dos horas de trayecto) a paisaje lunar sin un solo árbol de lo inhóspito que es, para luego ir mezclando roca caliza con pinos jóvenes y aterrizar en un valle con el río a un lado, los cañones picudos y tupidos escoltándote hasta Yellowstone.

Así que no entiendo que te tomes la molestia de alquilar un autobús escolar, te pongas las mejores galas, pares en un mirador y te hagas una foto en el aparcamiento, en vez de caminar 100 metros de nada al mirador de verdad. 

La verdad es que no sé a qué planeta pertenecían. 

Allrighty!!!

Por lo menos iban un poco abrigaditas (además de que la costra que genera eso de no ducharse da algo de calor). 

Luego están los tontos del tanto por ciento, que decía Sabina (aunque él se refería a otros tontos y a otro porcentaje). 

Si tienes un Aston Martin descapotable hay que lucirlo. Si hay que lucirlo, ¿qué mejor sitio que la carretera más hermosa del país?


Qué mala es la naturaleza que te regala un 11 de septiembre con una sensación de cero grados en la cumbre (donde se hizo la foto). 

Allrighty!!!! 

Miren esta señal: 


Por España estamos acostumbrados a la de vaca, el caballo o el corzo. No más.

¿Realmente han prestado atención alguna vez? (a mí, personalmente, siempre me hizo mucha gracia la de desprendimiento: como si pudiera hacer algo si me cae una roca encima).   



País salvaje. Luego que si se comen a los gatos y a los perros los inmigrantes. 

Allrighty!!!

País más que salvaje. Y sin piedad. Miren estas dos imágenes:



Está claro que en la actividad normal de una persona no consiste en pasear junto a un géiser a temperatura volcánica. Menos aún al perro o aparcar el coche cerca. 

Luego está lo de asomarte a hacer una foto y encontrarte un oso cuando te apartas porque tu propia llamada de la naturaleza te llama. ¿Qué hacer? No correr, dicen los cachondos. Gritarles, levantar las manos como si Morata estuviera en fuera de juego (o sea, siempre)... Y, por encima todo, usar tu spray contra osos. 



Mira que no salir de casa hoy sin el spray. 

Miccioné en el siguiente centro de visitantes. 

Allrighty!!!

Ya se han acabado las tonterías. Porque la gran cuestión es si debería haber hecho esta ruta hoy

Me explico: ayer por la tarde, cuando en el GPS fui a ver cuánto se tardaba de donde dormí a la parada de hoy, me salió un mensaje no muy común: mi ruta atravesaba un incendio. 

Bueno, hay cosas peores (a no ser que el incendio te queme). El problema es que fui a ver dónde caía ese incendio por si podía evitarlo y resulta que se había declarado un incendio a mediados de agosto (y aún seguía) a unos diez kilómetros de mi alojamiento de este miércoles. Veo que las autoridades dicen que no se ha desalojado a nadie de sitios habitados pero que sigue sin controlar las llamas y luchando para que no afecte a la carretera más cercana.

Que es la que tengo que atravesar yo.  

Muy bien: escribo a través de Booking al hotel preguntando si hay algún problema. Eran las ocho de la tarde del martes. 

Para cuando me despierto este miércoles a eso de las cuatro y media de la mañana empiezo a ver las posibles cancelaciones y modificaciones de los otros dos hoteles, con la idea incluso de saltarme Yellowstone y tirar antes para Chicago e incluso dormir allí el viernes. Hasta preparo los posibles mensajes a los hoteles solicitando ese adelanto (se trataba de no rodear Yellowstone y dormir un día antes de lo previsto en Nebraska y Iowa). 

A las nueve de la mañana, tres horas en carretera, no sé nada del hotel.

A las nueve y media entro en Yellowstone y dejo de tener cobertura en el 99% del tiempo (vienen pequeñas oleadas cada tres horas al pasar cerca de un centro de visitantes importante). En esos periodos de cobertura sigo sin saber nada del hotel pero uso uno a las una y media para llamar a los dos teléfonos que aparece de contacto y no contesta ninguno. Escribo un mail directo al hotel. 


¿Es seguro viajar hasta allí?

Me contesta la tierra. O el cielo. 



Seis de la tarde: a unos cien kilómetros de destino, por el oeste la cosa se despeja. Por el este, que es donde voy, se complica. 

Sigo sin tener cobertura, así que no sé si el incendio ha mejorado. 

A 50 kilómetros de destino, me contestan las autoridades de Wyoming: 



No se ve muy oscuro el fondo por la foto, pero se veían rayos. 

Una tormenta con buena lluvia es buena para un fuego, ¿no?

Sí, una tormenta normal, sí.



Una tormenta de nieve un 11 de septiembre que tengo que ir a diez kilómetros por hora y el coche patina, no veo nada por el limpiaparabrisas mientras en dirección contraria pasan en caravana todos los servicios de emergencia volviendo del fuego a su campamento base (y echándome más nieve encina).

Justo, tras la tormenta, el fuego:



Hielo y fuego, ahí tenéis vuestro juego de tronos. 

Allrighty!!!!

PD: Estoy bien, lo prometo: aunque bastante cerca del fuego, el hotel está fuera de peligro según las autoridades. Yo me he tomado una carne a la brasa por si acaso. 

Allrighty!!!!

 

Derrota, rendición, victoria

 

Esta historia se cuenta al revés. Comienza (porque no termina del todo aquí) al norte de Dakota del Norte, donde confluyen el río Misuri (que, pese a ser afluente del Mississippi, es el río más largo de Estados Unidos, unos 160 kilómetros más) y el Yellowstone. A estas alturas, el Misuri es más pequeño y el que da nombre al parque (y a una serie fenómeno de estos tiempos) tiene más entidad, se come prácticamente al otro: 


A mi espalda, en el promontorio desde donde hago la foto anterior seguramente se erigía uno de los fuertes más importantes en la frontera más recóndita del país, el Fort Buford. Allí, donde a principios del siglo XIX los ubicuos Lewis y Clark habían tomado nota del cruce de ríos gigantes, el Ejército americano erigió uno de sus campamentos más importantes en el tramo final de las guerras indias y que luego convertiría en cárcel para quien se fuera rindiendo. 

Que fue el caso de Toro Sentado en 1881. El gran líder espiritual (y guerrero) llevaba más de veinte años peleando con la caballería yanqui, una vez que los de azul ganaron la guerra de Secesión contra los grises. Antes, Tatanka Iyotanka (su nombre en lakota) se había ganado el privilegio de mandar en las praderas comprendidas entre el oeste de las dos Dakota actuales y el este de Montana. Territorio siuox que había conquistado contra otras tribus (como los crow). Y territorio que defendió hasta la victoria más sonada de las llamadas guerras indias: Little Bighorn, donde una confederación de tribus hartas de ser aplastadas por las Gatling y la formación militar de West Point machacó al Séptimo de Caballería de Custer. Eso fue a mediados de 1876 y la victoria les costó cara. Desde el DC fueron con todo para aplastar a los indios y Toro Sentado huyó a Canadá.

                                            Lo que queda de Fort Buford

Cuatro años después, Toro Sentado volvió y se rindió en Fort Buford. Pactó una serie de acuerdos que, para variar, no cumplieron los soldados, fue de detención en detención, lo metieron de secundario de lujo en el espectáculo de Buffalo Bill por todo el país y al final lo mataron a traición en otra prisión-reserva.  

No voy a volver a contar qué pasó en Little Bighorn. Aquí está según lo vi en 2018 y en este otro enlace, recupero una especie de crónica contada en 2013, en mi primera visita. Luego está la maldición que se tenía merecida Custer desde hace tiempo por lo que hizo en Oklahoma (aunque lo repitió en muchos sitios, lo de masacrar a mujeres, niños y ancianos) y que narro en este otro viaje

El caso es que mi día ha terminado en Little Bighorn por tercera vez. 

Y no, los Estados Unidos de América no iban a dejar impune la afrenta. Es cierto que el parque como tal trata de ser equidistante, aunque no fue hasta 1991 que se cambió el nombre al monumento por 'Batalla de Litlle Big Horn' en lugar de General Custer, como había sido hasta entonces. Hay recuerdos para indios y soldados, oficiales y civiles. Hasta para los caballos. 





Ya estoy hablando otra vez de aquello cuando quiero hablar de ahora. La victoria está clara: Little Bighorn. La rendición, la de Fort Buford. La derrota es de hoy. 

La esquina más sagrada para las grandes tribus de las praderas hasta que les echaron hace siglo y poco más es tratada ahora con el sistema de extracción más radical que se puede pensar: el fracking. En apenas 15 años, Dakota del Norte ha pasado de la nada a ser el mayor productor de petróleo solo por detrás de Texas y Nuevo México, con picos de 1,5 millones de barriles al día, según datos oficiales del propio Estado. Esto ha supuesto que la renta per cápita penara en los 20.000 dólares al terminar la primera década de este siglo y que ahora se sitúe en 68.000 dólares. 


El mismo corazón de todos esos puntos rojos es el condado de Williams, a cuyas afueras está Ford Buford y donde se aprovecha los caudales del Misuri y del Yellowstone. 

El paisaje, a menudo, recuerda a una entrega de Mad Max, con fuegos, tanques, extractores en medio de la nada.





Hablando de 'en medio de la nada'. Desde los tiempos de Amparito (que es así como llamaba a mi viejo GPS antes de jubilarlo en aras de míster Google) no me la liaban tanto como esta mañana al tomar mal un desvío.


No, no había amanecido aún y aquí todavía había roderas. Luego, ni eso, con las ramas llegando a la altura de mi cintura (que no es que sea una altura espectacular, pero acojona), con las ruedas derrapando y, encima, terminando en la puerta de una central de estas de petróleo. 


No sé si habéis visto 'Wind river' (la recomiendo como de lo mejorcito del cine yanqui de los últimos años, con Taylor Sheridan -sí, el de Yellostone- tras la cámara y el papel de guionista). El caso es que va de una cuadrilla de trabajadores de estas plataformas que va matando y violando a indígenas como si nada. No digo que todos sean así (eso espero). Pero el ambiente que hay en los pueblos de la zona, repletos de casinos, clubs (de beber y de todo lo demás) y mal rollo general no lo quita nadie. Incluso Bloomberg hablaba hace unos meses que tanto trabajador con mucha pasta que gastar y poco que hacer (no olvidemos que es septiembre, que en no mucho tiempo empieza a nevar y no para hasta mayo) ha provocado que se disparen los desahucios forzosos de inquilinos de toda la vida. Para dejar hueco a los trabajadores con pasta fresca. 

Así que aquí está la derrota de Toro Sentado y esa 'forma de vida' que defendían los nativos que murieron en Little Bighorn (eso pone en sus lápidas): su tierra sagrada violada. Y muchas de sus jóvenes descendientes, también (y asesinadas y desaparecidas; no necesariamente por blancos, eso sí).


PD: Tampoco el de la violencia contra las jóvenes nativas se da en Dakota del Norte y sus condiciones particulares. En la enorme reserva Crow, en el condado de Bighorn, también pagan carteles a pide de autopista. 







martes, 10 de septiembre de 2024

Un día más en Dakota del Norte y tres pájaros menos


Fue en Jamestown donde vi de pasada un cartel en el que se juraba que en aquella zona se producía la mayor concentración de pájaros diferentes de Estados Unidos. Ahora no encuentro nada en internet que lo refrende y sí veo que hay cierto consenso en situar en algo más de 400 las especies distintas que se ven en Dakota del Norte. En California, que es donde más, rozan los 700. Y hay hasta diez estados que superan las 500. 

Pues muy bien. No sé si volando Dakota del Norte puede presumir mucho de su fauna aviar. Pero a ras de asfalto, sobre la misma carretera (a poder ser, no la interestatal), ya os aseguro yo que nadie la supera. Hay rincones desolados desde un punto de vista humano que ves cruzar pájaros por el asfalto como en el semáforo ese famoso de Japón. 

Ya os digo que hay tres pájaros menos en Dakota del Norte de hoy. Que me los he llevado por delante pese a tener más cuidado que a la salida de un colegio. 

Pero es que los muy capullos se ponen a correr en diagonal y...

Sí, como el chiste de los dos tomates que van por una autopista.

De eso no hay foto. 

Sí de esto: 


Da escalofríos. Mucho. Como si fueran a moverse de pronto y vengar a los suyos y pisarme o comerme o no sé. Lo que sea que hagan los pájaros gigantes de metal que cobran vida. 

Nada bueno. 

Por mucho que en Regent, un pueblo en el centro de Dakota del Norte donde el único café que encuentras a las ocho de la mañana te lo regalan en una ferretería/gasolinera. 

Puedes dejar un dólar en la lata. 

Así que eso y la chocolatina más rara que encontré entre la variedad de diez que había fue mi desayuno especial de cumpleaños (el de la víspera va camino de ser el mejor en mucho tiempo, pero de eso no hablaré hoy). 


Hoy, decía, es un lunes de septiembre en Dakota del Norte, el estado en el que te pasas media hora sin cruzarte con un coche en ciertas carreteras. No llega a tanto la Carretera Encantada (Enchanted Highway) que une Regent con Gladstone en 50 kilómetros adornados por esculturas gigantes con la manufactura de un trabajo de manualidades para niños de ocho años.


Hasta aquí me he desviado yo y, de los diez coches que he visto en esos 50 kilómetros (incluyendo las paradas), seis era gente que se paraba a ver las esculturas. O sea, que el 60% del tráfico se debe a la hojalata kitsch con motivos de la zona. Aquí van el resto, de una tacada cruel:






Sin duda, los saltamontes alienígenas pueblan las pesadillas de los niños turistas que hayan tenido la mala suerte de que sus padres creyeran que esto es una buena idea.      

Estoy siendo injusto. E incluso incongruente. Porque este post era para proclamar que me está gustando mucho Dakota del Norte. Tenía mis prevenciones de dedicarle tres días y ahora admito que he acertado puesto que me ha dado lo que buscaba: carreteras vacías, paisajes en el límite de lo humano, tranquilidad y un puñado de buenos rincones y momentos. Dakota del Norte es mucho más bonita de media que otros estados colindantes, si bien todos ellos se guardan ases en la manga que merecen acercarse. Aquí no hay nada del nivel del parque Yellowstone, las Blackhills y su monte Rushmore o el nacimiento del Mississippi (por hablar de los tres colindantes); aquí es el camino el que recompensa. 

Como cuando sale el sol sobre el río Missuri:


La niebla se mantiene obstinada: 



Los pájaros vuelan y no se me ponen a corretear (que en carriles como en los que me mete el GPS de vez en cuando hasta comprendo que sea su territorio): 


E incluso tiene su versión norteña (y más extensa) de las espectaculares Badlands (las famosas que salen en las películas están en Dakota del Sur):




 



Hay bisontes a los que podrías acariciar de lo accesibles que están si no fuera porque te arrancarían la cabeza: 





La ruta sigue y esto es lo más cerca que vais a tener de una foto mía: 


  Hasta mañana, que me despido de Dakota del Norte y vuelvo a Little Big Horn.