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domingo, 23 de septiembre de 2018

Pop, rock y blues




Hace diez años, cuando puse punto y final a 'Una historia pop' (lo de 'aventura' vino luego por sugerencia editorial) creía que ahí acababan las aventuras de Carmen, Ricardito y Freddy. Allí se quedaban, en la playa gaditana donde crecí, la Playa de la Torre del Puerco, desangrándose o quizá muriéndose después de una batalla imposible. Lo del epílogo aclarando un poco las cosas también vino mucho después. Durante mucho tiempo, el final fue el final. Pasarían muchos años de espera, de incertidumbre, de rechazos, de silencios, de fracasos.




Entre unos y otros, en septiembre de 2009, me vino a la cabeza un primer fogonazo de posible continuación. Fue en Monument Valley, no en las praderas de los monolitos famosos de las películas de John Ford, sino en un valle apartado, a la espalda de los turistas: por un momento, vi a los tres cabalgando a toda prisa porque les perseguían montañas que cobraban vida. O algo por el estilo.



Pero llegó 2010 y luego 2011, cuando la vida me dejó poco resquicio a la ficción y el poco aire que me quedaba lo volqué en 'Runaway' y su huida hacia delante. Poco a poco, Carmen, Ricardito y Freddy caían en el peor de los olvidos, que es el olvido de quien los creó. Nadie los quería, a nadie les interesaban. 2012 también pasó y, con él, el bicentenario definitivo de los hechos que sirven de escenario a la novela (aunque, en puridad, los hechos sucedían en 1811). 

Cuatro años después de poner el punto y final, y con otra novela más reciente entre manos, era el momento de pasar página. Había quien me decía que aquella novela era distinta, la de Pop, digo. Dani, Nuria, Ana... aquellos que la leyeron en folios impresos en casa y sobre los que agotaba cartuchos de tóner porque me empañaba en imprimir los ejemplares en color, con los protagonistas, cada vez que se les nombraba, en una tonalidad distinta: Carmen en rojo, Ricardito en azul y Freddy en naranja; aquellos que se resistían a dejar morir aquello.

Por ellos (bueno, y porque soy un poco cabezón) incluso la llegué a subir a Amazon. La compraron unos cuantos amigos, quizá algunos leáis esto. Y con eso sí que pensé que ahí se terminaba su periplo. Fue entonces, como en una peli mala, cuando ya no esperas nada, que oí a un amigo que me contaba que un amigo de un amigo estaba montando una editorial a la que había enviado una novela que había escrito y que aceptaba manuscritos. Que publicaba solo en digital. 

Esta foto me la enviaron este mismo domingo desde Cádiz una amiga lectora.


Bueno: después de solo recibir calladas por respuesta saber que había alguien que al menos abriría mi correo ya es algo. Es como lo de mandar currículms sin que haya nadie al otro lado. Y les escribí, adjuntándoles 'Runaway', que era lo último que había terminado y mi apuesta del momento. En el último segundo, añadí 'Una historia pop'. Porque adjuntar documentos era gratis (si hubiera tenido que enviarla por correo postal jamás me habría gastado otros 30 euros en imprimirla y encuadernarla de nuevo para nada). La editorial era Lapsus Calami y el contacto Jorge Vales.

Hoy, ambos nombres puedan sonar a malditos. Y sin “el pueden sonar”. Obviamente, yo les debo el comienzo de lo que pueda ser (de lo poco que pueda ser en este mundo editorial) a los Jorge Vales y Lapsus Calami de 2013 y de 2014. También a Carlos Bravo (lector cero y entusiasta), José Miguel Campos (responsable de redes y no menos entusiasta promotor de la obra) o Jean (correctora y tampoco menos entusiasta de la novela).



Primavera de 2013. Jorge me llama y me dice que me publica la novela. Esa llamada que todo aspirante a escritor sueña con recibir, me llega cinco años después de haberla escrito, casi 20 años después de haber escrito y terminado mi primera novela, allá por los primeros años de facultad. Yo creo que se refiere a 'Runaway' y dice que no, que no. Que habla de Pop. Que le gusta tanto que ha decidido editar en papel mi novela y la de aquel amigo que me habló de él. Que se pone en marcha todo. Y ocurre. Y el 9 de noviembre de 2013, día festivo por la Almudena en Madrid (lo destaco porque la primera novela de juventud que terminé, la de 1993-1994, arranca justo un día de la Almudena) cojo un autobús en Moncloa y subo a Torrelodones, donde vivía Jorge, y en un bar del centro, junto a Jean y Jorge, recibo mi primer ejemplar. Como no sé lo que es tener un hijo puede resultar algo frívolo hablar del orgullo y la felicidad con la que bajé, libro en el regazo, hojeándolo ansioso, a Madrid esa noche, en el último autobús de la noche, en la madrugada ya del día siguiente.

Hago aquí una elipsis hasta el año 2015 porque solo quiero hablar de cosas bonitas. Y momento bonito donde los haya es cuando en aquellos meses me crucé con Carmen Moreno. Poco a poco, de casualidad, de pasada, en una presentación o en otra. 

El escenario del asedio a Nueva Orleans.

A mediados de ese 2015 ya había terminado 'Un horizonte rock' (nombre original de 'La Dama Blanca del Mississippi'), una vez que Jorge me había pedido que continuase con la historia y yo, después de pasar por Nueva Orleans en el verano de 2014, decidiera que había una historia en ese otro asedio tan parecido a una ciudad que tanto se me parece a Cádiz como Nueva Orleans. 

Jorge estaba tan encantado que hasta me obligó a abrirme una cuenta de skype (nunca la he llegado a usar y no sé ni cómo quitarla del escritorio) para hacer una presentación desde la ciudad americana en mi viaje de julio de 2015. Una de sus ideas. La última. ‘Un Horizonte Rock’ no se publicó a tiempo para julio. Ni para agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre…

Jorge desaparece de escena y aparece Carmen, que andaba ya lanzando desde hacía meses su propia editorial. Por supuesto que quiere ‘Un horizonte rock, pero tiene que hacer hueco en la programación. Por supuesto. Si esperé 20 años por Pop, qué más dan ya unos meses más.

Pasa 2016.



Llega 2017 y en abril, ese otro mes donde tantas cosas (me) ocurren se publica ‘La Dama Blanca del Mississippi’. La historia desde esos días ya es algo más conocida porque he dado la brasa convenientemente en este blog y en las redes.

Esto era una historia de orígenes y de reconocimiento a quien sigue creyendo en todo ello. Hagan caso a Carmen y pasen por su tienda, la digital https://www.cazadorderatas.com/ o la física, Librería La Ratonera, en Cadi, Cadi.



Para celebrar que, tras Pop y Rock, el círculo se cierra con un Blues (o empieza de nuevo, o yo qué sé), os dejo la que podría haber sido la banda sonora de la criatura de haber elegido el mismo modelo de sus dos hermanas mayores en lugar de rendirme a la poesía.

Disfruten, al menos, de la música. Y lean. No a mí, necesariamente. 

Pero lean. 

Primer verso: ‘You only live once’, de The Strokes



Segundo verso: ‘Machine gun’, de Portishead




Tercer verso: Common People, de Pulp



Cuarto verso: ‘Behind blue eyes’, de The Who



Quinto verso: ‘Crown of love’, de Arcade Fire




Sexto verso: ‘Amie’, de Damien Rice






Séptimo verso: ‘The man who sold the world’, de David Bowie



Octavo verso: ‘Ring of fire’, de Johnny Cash




Noveno verso: ‘Crystalised’, The XX



Décimo verso: ‘California stars’, de Billy Bragg & Wilco



Undécimo verso: ‘Gotta get away’, de The Black Keys




Verso suelto: 'Yankee bayonet', de The Decemberists



martes, 7 de julio de 2015

Día 2: Insurrección




Podría ser un mástil de un viejo navío de guerra que aún retoza Mississippi arriba y abajo.

Pero no: claro que no lo es. Será el trozo de algún viejo muelle al que han corroído las corrientes y lo han arrancado de cuajo. Río abajo, hay muchos de esos muelles que se caen a lagrimones. 

Hubiera estado bonito, sin embargo. Y me hubiera venido a la perfección para hablar de lo que voy a hablar hoy: mi libro (o de la batalla de Nueva Orleans). 


(Como sé que os vais a quedar con el detalle de la gorra sólo os digo que, de no llevarla, estaría ahora en un centro de salud curándome de una insolación). 

Aclarado el detalle, a mi espalda está la explanada de Chalmette, donde se libró en 1815 una de las batallas más decisivas de la historia de Estados Unidos... Ya, lo sé, lo admito, lo asumo y sigo adelante con todo: fue una batalla decisiva (librada en tres semanas desde diciembre de 1814 al 8 de enero del año siguiente).

Porque en torno al año 1812 no sólo estuvimos los españoles peleándonos con Napoleón sino que los ingleses (aprovechando la confusión generalizada en Europa) se lanzaron a reconquistar a los Estados Unidos, colonia perdida 40 años antes. Ellos (o sus libros de historia o la wikipedia) dicen que no, que era para asustar y para dejar claro quién mandaba en el Atlántico. El caso es que no sé si fue para asustar o no pero en su empeño quemaron hasta la Casa Blanca. 

¿Suena poco esta historia en Hollywood, verdad? Pues debería sonar más, porque el capítulo final de este truco y trato british fue conquistar Nueva Orleans y subir Mississippi arriba hasta Canadá (donde ya mandaban) y así dominar la arteria comercial de los USA. Un susto estándar, vamos. 

Lo más famoso que quedó de aquello es una cancioncilla cuyo soniquete os sonará, que se compuso en la época para cantar victoria (chiste fácil) y que no cuenta una sola verdad (¿para qué contar la verdad si es más interesante la leyenda?).



Decía que extraña el silencio peliculero (o no: por lo general, Nueva Orleans es un capítulo aparte en la cultura popular americana) porque la Batalla de Nueva Orleans reúne todos los elementos épicos oscarizables: una ciudad sin apenas defensa y sin soldados (estaban luchando contra los mismos ingleses al este) acosada por miles y miles de enemigos que habían prometido reducirla a cenizas. Tras los parapetos aliados, americanos de nuevo cuño, franceses, españoles (sobre todo, canarios), indios nativos, negros liberados, negros aún esclavos, algún señorito despistado...

Y un general, Andrew Jackson (luego, un par de décadas después sería el primer presidente nacido en el Sur en llegar a una Casa Blanca supongo que repintada a esas alturas). Un tipo conocido por sus batallitas contra los ingleses y un tipo que se plantó en una explanada a unas pocas millas al este de la ciudad a esperar a unos ingleses que le multiplicaban por diez en número. 



En concreto, Jackson ordenó construir una barricada aprovechando un pequeño canal de agricultores que, en la foto siguiente, aún se puede apreciar en el primer plano por los hierbajos distintos al prado uniforme.  



Al fondo, donde se aprecia una línea de árboles y despunta una torre, estaban los ingleses tomando el té. 



Por el flanco izquierdo, en esta otra línea de árboles, se perdía el suelo firme y el terreno era pantanoso con profundidades que variaban pero que no bajaban de la altura del pecho.

Así que los americanos resistieron como pudieron, los ingleses recibieron su merecido (los ingleses siempre han sido malos, muy malos, con los españoles: no deberíamos olvidarlo) y el parte de bajas fue curioso: 333 americanos (o aliados, que la mayoría fueron negros a los que ni consideraban americanos) muertos por 2.400 ingleses. 

Los barcos de su Majestad salieron huyendo del Golfo de México y por aquellos días se ratificó el Tratado de Gante por el que se firmaba la paz entre Washington y Londres (pero, ay, si los ingleses conquistan Nueva Orleans). 

Y todo este rollo que os he soltado es importante para mí porque esta batallita es parte importante de la segunda parte de (entramos en bloque publicitario: el que lo desee que salte al siguiente párrafo) Una Aventura Pop, cuyo nombre aún no desvelaré y cuya publicación se espera para septiembre o así. 

Ligeramente emocionado (ya sabéis que yo no pierdo la compostura por nada) estaba yo por visitar este punto clave del libro que quise inmortalizarlo. Pero resulta que le pedí que me hiciera la foto a un tipo que muy bien podría ser Carlton Banks con 70 años y que no mostró piedad alguna de mí, tropezando y casi cayéndome por la borda... 



Qué va: no se ofreció a hacerme otra.   

¿Qué qué hacía en un barco? Pues aprovechar que había un crucero guiado en un bonito barco de vapor imitación de aquellos del siglo XIX que paraba en la apartada explanada de la batalla. 

El barco era así de majo (¿a vosotros, cuando eráis pequeños no os molaba también el barco fantasma del Parque de Atracciones de Madrid? A mí, desde luego que sí).




También he aprovechado el barco para presentarme al guía que contaba toda la historia de la batalla, que resulta que es periodista, que ha trabajado para The Guardian en Londres y en Nueva Orleans, y con quien he acabado hablando del libro y del fin del bipartidismo en Canadá (esto es porque se ha colado un canadiense que también quería hablar de su libro). De Canadá hemos pasado a Reino Unido, España y...

En fin, que esa es otra historia. Entiendo que estáis ansiosos por que os hable de Canadá.

La de hoy va acabando hoy con la mejor forma posible de dejaros buen sabor de boca.

Sí, queridas y queridos míos, he reservado las fotos de comida para el final (así os tragáis la lección de historia previa).

He vuelto al paraíso de los desayunos, el Ruby Slipper (en el mismo edificio de mi hotel) para abotonarme unos Egg Blackstone (sobre un panecillo, tomate natural, bacon, huevos pochados y holandesa; acompañados de patatas):



Siento una verdadera maravilla el desayuno, lo que vino a mediodía ha superado todas las expectativas. He probado cosas buenas y muy buenas hasta ahora, pero este sandwich es la Natalie Portman de los sandwiches... el que recordaré cuando me coma un triste bocata de pan bimbo con queso tranchetes y jamón El Pozo... Lo he tomado en el Cochon Butcher, una gastrocharcutería (hay chorizos colgando, lo juro) junto al restaurante Cochon, uno de los punteros de la ciudad... Pero los bocadillos de su hermanito desenfadado son...

Ains.. (suspiro grande seguido de puchero no menos grande). Os presento la Cochon Muffaletta (es el otro bocadillo autóctono, junto al poboy)...


El pan (y calentito, además) tiene el sabor y la forma de la mejor napolitana salada que hayáis tomado... y en su interior, ocho lonchas de jamón asado, abundante bacon, chorizo picante, triple capa de queso fundido y, de base, una especie de ensalada con sabor a aceituna...

Ains...

Casi no me quedan ganas para despedirme... Para la canción de hoy se cuela El último de la fila cuya conexión con Nueva Orleans es completamente ninguna. Sólo que es la primera canción de la BSO de la continuación de Una aventura pop. 


lunes, 25 de agosto de 2014

Escenario de una batalla



Una aventura pop (publicada por Lapsus Calami y Jorge Vales Fernández) arranca entre esteros y marismas, a las afueras de San Fernando, y en plena refriega entre franceses y españoles durante la Guerra de la Independencia. ¿Por qué resistieron Cádiz y La Isla? No siempre se puede tener la oportunidad de ver desde un helicóptero el paisaje de una batalla. Aquí podéis hacerlo justo en el minuto 1:31:10 (dadle a la pausa justo ahí). 

Obviamente, no había carreteras ni el puente de la izquierda ni ese polígono que se adivina a la izquierda. El puente de la derecha (el más pequeño), sí existía desde la época romana, auqnue fue destruido en 1810 para evitar una entrada más sencilla del enemigo. Justo en el borde de ese puente, y en lo que la imagen es la única zona de color arena, estaba el alto mando español (había otras posiciones españolas en todo el margen izquierdo de la imagen). Al fondo a la derecha, la mancha blanca es Chiclana, donde estaban los franceses, que a lo máximo que se acercaron fue a la mancha oscura del extremo superior izquierdo: el Pinar de los Franceses. Sin embargo, el 80% del paisaje es similar al que había hace dos siglos y lo que ha cambiado era más terreno pantanoso entonces. Es decir, más inaccesible para un ataque.
 

Con entrevistas a ciclistas y clasificaciones entre medias (pasad el vídeo en ese caso), el helicóptero va remontando el caño (es la franja de agua más ancha, la que parece un río), por todo el lateral sur de San Fernando hasta llegar a mar abierto, a la playa de Camposoto, en cuyo extremo se situaba el flanco más vulnerable de la defensa. 



A lo largo de todo el caño (por lo general, en la parte inferior de la imagen o a la derecha) había fortificaciones españolas. Y por ahí correteaban Ricardido, el Francesito, y Freddy, el Puchero de La Isla.

(Por si vais a la web otro día distinto al 25 de agosto, es el vídeo de la 2ª etapa)


http://www.rtve.es/alacarta/videos/vuelta-ciclista-a-espana/

miércoles, 30 de julio de 2014

Bonus track 2 (o los 10 mejores momentos)

Todos los días (del 1 al 15)



Os debía el corte final, el de los diez mejores momentos (o algo así) de la Ruta Pop 2. Perdonad el retraso, pero ayer todavía andaba entre mohíno, jetlageado, agotado, morriñero y bajonero. 

Seré breve.

Aunque antes, brindemos con un bourbon de la tierra para ir entrando en calor: 


10) Sin contratiempos



Ahora sí lo puedo decir: Nueva Orleans tiene la mayor tasa de criminalidad de Estados Unidos. Siempre se ha dicho que los crímenes se quedan entre los locales, es decir, entre bandas y rencillas de vecindario y muy bien se guardan de afectar a zonas turísticas. Sin embargo, justo una semana antes de coger el avión hubo un tiroteo en plena noche del sábado en Bourbon Street (como si en Madrid lo hubiera en la Puerta del Sol). El resultado: nueve heridos y una chica de 20 años muerta. 

Estuve a punto de cambiarlo todo y no pasar ocho de los 15 días en Nueva Orleans. No lo hice y me alegro. Incluso os remito al punto 6 como contrapunto (además... en Bourbon Street no me iban a coger, precisamente). 

Por otra parte, los 4.000 kilómetros de carretera tampoco registraron problema alguno.

9) La otra Nueva Orleans



La Nueva Orleans del Treme o del Garden District. Del Uptown o de la Mid City. La de Faubourg-Marigny y Bywater. La que descubrías subiéndote a tranvías y autobuses locales. O andando ocho horas al día bajo 40 grados con humedad.

Sí, también las de los samatari. Cuánta razón tenías, André



8) Raíces criollas



O españolas, para más señas... y para lo que más nos importa a nosotros. Desde el diseño de las calles hasta la plaza principal, de la mano de la baronesa de Pontalba y sus ovarios. Pero a Nueva Orleans le sobra historia por todos lados y reducirse a lo español es una catetada.  



¿Hay material suficiente para una segunda parte de Una aventura pop

La hay. Más que de sobra...

7) Las comidas




Pasar 15 días en Estados Unidos y comer una sola hamburguesa es insólito. O no lo es tanto cuando visitas Nueva Orleans o territorio cajún. Lo mejor, el pastel de caimán. Lo peor... No poder probar más cosas.

6) Hospitalidad



La gente de Nueva Orleans es amable. Mucho. La de Louisiana, en general (ya no puedo decir lo mismo de la sensación que me dejaron en Georgia o Alabama... no fue mala... pero tampoco buena). No obstante, en Louisiana los viandantes te van dando los buenos días por la calle o una señora se sienta en una parada de autobús con una caja de pasteles, empieza a hablar con un hombre a su lado y termina dándole un pastel. 

En Nueva Orleans es complicado sentirse solo. Te puedes tomar una cerveza en la barra y empezar una conversación con el tipo de lado, acabar bebiendo cervezas y tequilas durante tres horas y ya tener amigos en Austin para cuando quieras ir. O puedes pasarte por el Blue Moon Saloon en Lafayette a las seis y media de la tarde, enterarte que el espectáculo no empieza hasta las nueve y media y no aburrirte, mientras hablas con unos y con otros y te haces amigo de Bobby, ese camarero con pinta de Kent al que le gustaba el ciclismo (y se quejaba de que en los USA no echan nada de ciclismo por la tele).

O puedes (y aquí explico la foto) ir la última mañana a ver amanecer sobre el Mississippi y, de pronto, que te vengan dos ingleses (qué manía con que el Barcelona es mejor) que llevaban toda la noche rondando a las chicas de ahí arriba (la de la derecha era puertorriqueña; la de la izquierda, de lo más profundo del Estado de Mississippi). El más despabilado de los ingleses (el otro iba borracho total y se dedicó a saltar entre las piedras, inconsciente él de que si caía al río ya no le encontraría nadie... bueno, era tan inconsciente que no sabía ni el nombre del río) se empeñó en hacernos una foto. Pues resulta que las dos chicas habían estado tres años en España haciendo cursos en Jaén. Hasta conocían el pueblecito donde nació mi padre, Jódar (la puertorriqueña también se había pasado un verano acampando por todo Cádiz). 

Mundo sorprendente éste. 

5) Dockery: o donde nació la música



A través de las carreteras secundarias de Mississippi se esconden las raíces de buena parte de nuestra cultura pop contemporánea. A la vera de un pequeño afluente del río madre se erigió en su día la Dockery Farm, el lugar con mayor consenso para ser considerado la cuna del blues

Remontando el río está Memphis y el Sun Studio, desde el que se empezó a cimentar la leyenda del rock y donde U2 (esto es muy personal) grabó dos de las que seguramente son mis canciones preferidas del grupo (Love rescue me y Angel of Harlame, además de la muy contundente When Love comes to town junto a la leyenda BB King).

4) Al final, había hasta mar



Pese a que su presencia se deja notar en la humedad brutal, el mar está muy, muy lejos de Nueva Orleans (unos cien kilómetros). ¿Y para encontrarlo hay que perderse entre carreteras? ¿Dónde hay que firmar?


3) Frenchmen Street




Nueva Orleans es todo lo contrario a Bourbon Street. Para disfrutar de la música (la de verdad y la buena) tampoco hay que irse demasiado lejos del centro. Se puede ir hasta caminando. En el barrio de Faubourg-Marigny (se podría decir que es el Malasaña-Chueca de Madrid) tienes lo mejor (unos veinte garitos de alta calidad sin excepción en apenas 200 metros y cada uno con su directo).

2) Perezoso (y peligroso) Mississippi: principio y fin





El Mississippi. Poco más que decir: donde amanece, donde revives y donde (en su hermano pequeño, el bayou Saint John, atardece).

1) Treme (noche en)



El alma de la ciudad.

domingo, 15 de junio de 2014

¡Vuelve Americanity!

Miradle. Mi copiloto preferido (si digo el único se enfada) ha descendido de la estantería donde andaba colgado para presentaros el núcleo de la nueva segunda edición de la Ruta Pop (sobre la primera hablé aquí):


Ya está todo reservado y preparado. Saldré el 14 de julio y volveré el 29. Esta vez no habrá tantos kilómetros de por medio (entre una cosa y otra, estaré ocho días en Nueva Orleans), pero habrá ruta de sobra (calculo que más de 3.000 repartidos en casi el resto del viaje... que tampoco está mal). Aun así, también habrá post diario (o lo intentaré, si no se alargan mucho las noches) de Nola.

Ya iré contando detalles. 

Mientras tanto, os dejo un par de fotos de mi paso ayer por la Feria del Libro de Madrid... Muchas gracias a la Lapsus Calami, la Librería Blanco y, por supuesto, a los que se pasaron, a los que lo intentaron y a los que no podían simplemente pero estaban de todos modos. 



lunes, 9 de junio de 2014

La BSO de ‘Una aventura pop’ explicada






Lo siento. De vez en cuando, este blog va a dar paso a publicidad y voy a hablar de mi libro. Hoy, además, inauguro el bloque de anuncios recordando:



-Para los de Madrid: Que el próximo sábado, 14 de junio, estaré a partir de las siete de la tarde en la caseta 124 (Librería Blanco) presto a firmar ejemplares. Me acompañará Tomás Haya con su #spanishinfection, una de zombis de Moratalaz que recomiendo muy, pero que muy, mucho. Así que si no vais por mí (porque ya tenéis mi libro firmado), pues eso, que el viaje no tiene por qué ser en balde porque allí tenéis todo el catálogo de Lapsus Calami.




-Para los de Cádiz: Que el próximo sábado, 21 de julio, estaré presentando la novela en Cádiz. La hora y sitio (será por la mañana y en Cádiz, Cádiz, eso sí) están por confirmar. Presenta Óscar Lobato (histórico del periodismo gaditano y novelista) y modera Carmen Moreno (poetisa, novelista e histórica así en general y autora de Principio debe morir). 



Salimos del cartel de anuncios y vamos al contenido del post:





¿Por qué tiene banda sonora ‘Una aventura pop’, donde cada capítulo no tiene nombre propio, sino una canción más o menos conocida? La respuesta es por qué no lo va a tener un libro (sobre todo, hoy día, que es muy sencillo encontrar un vídeo o una canción en internet y escucharla) si el cine tanto ha vivido de ello e incluso hay series ahora que hacen lo mismo con sus capítulos (y también me copio a mí mismo porque yo mismo lo hice con la primera novela que escribí, allá por 1993).



¿Y es necesario escuchar las canciones para entender el libro? ¿Influyen en la trama?



No y no. Aunque matizo el primer no: cada canción está ahí por una razón y está vinculada en algún modo a lo que se cuenta posteriormente. Todas y cada una de las canciones son temas (o coplas, que diría un amigo) que lógicamente me gustan y tampoco es casual su orden. Puede sonar algo pedante, pero quería que hubiera cierta coherencia en toda la lista a la hora de escucharse: empieza fuerte, se va calmando, vuelve a subir poco a poco y termina como sólo pueden terminar los Smiths, con su imbatible melancolía sarcástica.



En general, el propio ritmo musical coincide (o lo intenta) con el de la novela.



Algunas canciones han envejecido peor y otras son imprescindibles para mí, pero nunca pondría una canción que no me gustase. A veces, simplemente acompañan al ritmo del capítulo (sería como música incidental, si hablásemos de lenguaje visual); y otras veces, su letra puede tener cierto sentido con el texto. También, como ocurre sobre todo en las primeras, podrían definir al personaje principal del capítulo.



Venga: vayamos ya al meollo, canción por canción (para no hacer muy largo esto, repartiré en varios post todo el tracklist):



-1) A certain romance. Artic Monkeys.



Sin duda, ese comienzo demoledor (subo este video no oficial porque me gusta más esta versión, más enérgica que la del álbum) era lo que buscaba para arrancar la novela. En esta ocasión, la razón es doble: ritmo y significado, ya que la letra critica ese pensamiento único basado en las apariencias para intentar diferenciarte del resto y pertenecer a ‘algo’.



La mejor canción de los Monkeys.







- 2) Let me entertain you. Robbie Williams.



El segundo capítulo nos presenta a Freddy, el Puchero de La Isla. Y no se me quitaba de la cabeza esa arrogancia encantadora de Robbie Williams cuando comienza sus conciertos con esta canción (y que se traslada al personaje en sí). El tempo musical continúa al alza.  







- 3) Handle with care. Traveling Wilburys.



Si decimos Traveling Wilburys habrá más de uno (y de 40) que no entienda lo que decimos. Más claro queda si decimos George Harrison, Roy Orbison, Tom Petty, Bob Dylan y Jeff Lynne (el de la Electric Light Orchestra). Pasaríamos a hablar del super grupo musical de la historia (algo así como cuando en un cómic se junta a Spiderman, Capitán Amércia, Lobezno y la Mujer Invisible en la misma aventura para salvar al mundo). Eso fue Traveling Wilburys y su canción estandarte esta adorable Handle with care. Tan adorable, al menos, como pretendía presentar a nuestra heroína (pese a no ser ella tan adorable realmente), Carmen de Ustaritz.



(Por cierto, esto es lo más cerca de una canción de los Beatles que me veréis).









- 4) Seven nation Army. The White Stripes.



Ahora la escuchamos en los estadios de fútbol al ritmo del LO-LO-LO-LOLOLÓ…. Ahora y cuando se publicó el sencillo. Resulta que en 2006, durante el Mundial de Fútbol que se celebró en Alemania, la selección italiana (que luego lo ganó) se motivaba con esta canción y entendía que las siete naciones a las que se refiere la canción se correspondían a las siete selecciones a las que había que vencer para llevarse el Mundial.



Fútbol aparte, lo de Seven Nation Army se amoldaba a un capítulo donde se contaban las vicisitudes del asedio en torno a La Isla y Cádiz y donde convivían soldados de medio mundo (además de continuar con el tono alto en las canciones).      



De todos modos, la puse porque es espléndida (los razonamientos fueron un poco a posteriori, la verdad).







- 5) Mofo. U2.



Más de uno (aunque menos de 40) me preguntan por qué, de todas las canciones que tiene U2, he elegido una de las peores. Y yo digo:



-Para nada es de las peores.

-Mofo es la canción más paradigmática de un álbum de los U2 que se llamaba, mira por dónde, Pop.

-Fue una aventura considerada fallida por muchos de criticar el capitalismo (después de su magnífico Achtung Baby) y el consumismo de masas. Lo que no le perdonaron es que hicieran ese disco tras el anterior.  

-Pocos entendieron el mensaje real de todo el disco.

-La primera vez que fui a un concierto de U2 fue en la gira Pop Mart, que presentaba el disco, en el Calderón: fue la primera vez que vi un concierto de esa magnitud: era la primera canción que cantaban en cada concierto.





¿Y qué tiene que ver con la novela? Ritmo y más ritmo mientras se aceleran los acontecimientos de la historia.





En unos días, más...