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domingo, 23 de septiembre de 2018

Pop, rock y blues




Hace diez años, cuando puse punto y final a 'Una historia pop' (lo de 'aventura' vino luego por sugerencia editorial) creía que ahí acababan las aventuras de Carmen, Ricardito y Freddy. Allí se quedaban, en la playa gaditana donde crecí, la Playa de la Torre del Puerco, desangrándose o quizá muriéndose después de una batalla imposible. Lo del epílogo aclarando un poco las cosas también vino mucho después. Durante mucho tiempo, el final fue el final. Pasarían muchos años de espera, de incertidumbre, de rechazos, de silencios, de fracasos.




Entre unos y otros, en septiembre de 2009, me vino a la cabeza un primer fogonazo de posible continuación. Fue en Monument Valley, no en las praderas de los monolitos famosos de las películas de John Ford, sino en un valle apartado, a la espalda de los turistas: por un momento, vi a los tres cabalgando a toda prisa porque les perseguían montañas que cobraban vida. O algo por el estilo.



Pero llegó 2010 y luego 2011, cuando la vida me dejó poco resquicio a la ficción y el poco aire que me quedaba lo volqué en 'Runaway' y su huida hacia delante. Poco a poco, Carmen, Ricardito y Freddy caían en el peor de los olvidos, que es el olvido de quien los creó. Nadie los quería, a nadie les interesaban. 2012 también pasó y, con él, el bicentenario definitivo de los hechos que sirven de escenario a la novela (aunque, en puridad, los hechos sucedían en 1811). 

Cuatro años después de poner el punto y final, y con otra novela más reciente entre manos, era el momento de pasar página. Había quien me decía que aquella novela era distinta, la de Pop, digo. Dani, Nuria, Ana... aquellos que la leyeron en folios impresos en casa y sobre los que agotaba cartuchos de tóner porque me empañaba en imprimir los ejemplares en color, con los protagonistas, cada vez que se les nombraba, en una tonalidad distinta: Carmen en rojo, Ricardito en azul y Freddy en naranja; aquellos que se resistían a dejar morir aquello.

Por ellos (bueno, y porque soy un poco cabezón) incluso la llegué a subir a Amazon. La compraron unos cuantos amigos, quizá algunos leáis esto. Y con eso sí que pensé que ahí se terminaba su periplo. Fue entonces, como en una peli mala, cuando ya no esperas nada, que oí a un amigo que me contaba que un amigo de un amigo estaba montando una editorial a la que había enviado una novela que había escrito y que aceptaba manuscritos. Que publicaba solo en digital. 

Esta foto me la enviaron este mismo domingo desde Cádiz una amiga lectora.


Bueno: después de solo recibir calladas por respuesta saber que había alguien que al menos abriría mi correo ya es algo. Es como lo de mandar currículms sin que haya nadie al otro lado. Y les escribí, adjuntándoles 'Runaway', que era lo último que había terminado y mi apuesta del momento. En el último segundo, añadí 'Una historia pop'. Porque adjuntar documentos era gratis (si hubiera tenido que enviarla por correo postal jamás me habría gastado otros 30 euros en imprimirla y encuadernarla de nuevo para nada). La editorial era Lapsus Calami y el contacto Jorge Vales.

Hoy, ambos nombres puedan sonar a malditos. Y sin “el pueden sonar”. Obviamente, yo les debo el comienzo de lo que pueda ser (de lo poco que pueda ser en este mundo editorial) a los Jorge Vales y Lapsus Calami de 2013 y de 2014. También a Carlos Bravo (lector cero y entusiasta), José Miguel Campos (responsable de redes y no menos entusiasta promotor de la obra) o Jean (correctora y tampoco menos entusiasta de la novela).



Primavera de 2013. Jorge me llama y me dice que me publica la novela. Esa llamada que todo aspirante a escritor sueña con recibir, me llega cinco años después de haberla escrito, casi 20 años después de haber escrito y terminado mi primera novela, allá por los primeros años de facultad. Yo creo que se refiere a 'Runaway' y dice que no, que no. Que habla de Pop. Que le gusta tanto que ha decidido editar en papel mi novela y la de aquel amigo que me habló de él. Que se pone en marcha todo. Y ocurre. Y el 9 de noviembre de 2013, día festivo por la Almudena en Madrid (lo destaco porque la primera novela de juventud que terminé, la de 1993-1994, arranca justo un día de la Almudena) cojo un autobús en Moncloa y subo a Torrelodones, donde vivía Jorge, y en un bar del centro, junto a Jean y Jorge, recibo mi primer ejemplar. Como no sé lo que es tener un hijo puede resultar algo frívolo hablar del orgullo y la felicidad con la que bajé, libro en el regazo, hojeándolo ansioso, a Madrid esa noche, en el último autobús de la noche, en la madrugada ya del día siguiente.

Hago aquí una elipsis hasta el año 2015 porque solo quiero hablar de cosas bonitas. Y momento bonito donde los haya es cuando en aquellos meses me crucé con Carmen Moreno. Poco a poco, de casualidad, de pasada, en una presentación o en otra. 

El escenario del asedio a Nueva Orleans.

A mediados de ese 2015 ya había terminado 'Un horizonte rock' (nombre original de 'La Dama Blanca del Mississippi'), una vez que Jorge me había pedido que continuase con la historia y yo, después de pasar por Nueva Orleans en el verano de 2014, decidiera que había una historia en ese otro asedio tan parecido a una ciudad que tanto se me parece a Cádiz como Nueva Orleans. 

Jorge estaba tan encantado que hasta me obligó a abrirme una cuenta de skype (nunca la he llegado a usar y no sé ni cómo quitarla del escritorio) para hacer una presentación desde la ciudad americana en mi viaje de julio de 2015. Una de sus ideas. La última. ‘Un Horizonte Rock’ no se publicó a tiempo para julio. Ni para agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre…

Jorge desaparece de escena y aparece Carmen, que andaba ya lanzando desde hacía meses su propia editorial. Por supuesto que quiere ‘Un horizonte rock, pero tiene que hacer hueco en la programación. Por supuesto. Si esperé 20 años por Pop, qué más dan ya unos meses más.

Pasa 2016.



Llega 2017 y en abril, ese otro mes donde tantas cosas (me) ocurren se publica ‘La Dama Blanca del Mississippi’. La historia desde esos días ya es algo más conocida porque he dado la brasa convenientemente en este blog y en las redes.

Esto era una historia de orígenes y de reconocimiento a quien sigue creyendo en todo ello. Hagan caso a Carmen y pasen por su tienda, la digital https://www.cazadorderatas.com/ o la física, Librería La Ratonera, en Cadi, Cadi.



Para celebrar que, tras Pop y Rock, el círculo se cierra con un Blues (o empieza de nuevo, o yo qué sé), os dejo la que podría haber sido la banda sonora de la criatura de haber elegido el mismo modelo de sus dos hermanas mayores en lugar de rendirme a la poesía.

Disfruten, al menos, de la música. Y lean. No a mí, necesariamente. 

Pero lean. 

Primer verso: ‘You only live once’, de The Strokes



Segundo verso: ‘Machine gun’, de Portishead




Tercer verso: Common People, de Pulp



Cuarto verso: ‘Behind blue eyes’, de The Who



Quinto verso: ‘Crown of love’, de Arcade Fire




Sexto verso: ‘Amie’, de Damien Rice






Séptimo verso: ‘The man who sold the world’, de David Bowie



Octavo verso: ‘Ring of fire’, de Johnny Cash




Noveno verso: ‘Crystalised’, The XX



Décimo verso: ‘California stars’, de Billy Bragg & Wilco



Undécimo verso: ‘Gotta get away’, de The Black Keys




Verso suelto: 'Yankee bayonet', de The Decemberists



martes, 31 de julio de 2018

Hoja 25: Leer después de comer (edición 2018)

Como estoy con la circularidad del viaje, aquí va una caja de los mejores donuts del mundo, hechos por manos amish en Pennsilvania.

(Nota previa: si quieres saber de qué va esto, lo explico más o menos aquí y las normas aquí)

Bennington (Vermont)-Nueva York (Estado)-Nueva Jersey-Lancaster (Pennsilvania)-Gettysburg (Pennsilvania): 620 kilómetros.

Otra nota previa: Aunque siga el formato habitual, este post solo hablará de comidas (excepto la historia), porque sé que es os mola y una foto al día no es suficiente...

Una canción: 'Space Oddity', de David Bowie. Para una canción grandiosa en todo (forma, contenido, etcétera), una de platos que podrían haber entrado en los premiados de cada día perfectamente. O sea, los mejores.







Por orden de fotos: 

-El caimán de Cochon, en Nueva Orleans. En su día dije que comí cocodrilo y era cierto, pero lo fue en una especie de tarta de queso y sabía a tarta de queso. Aquí comí trozos como croquetas de abuela de grande y, bueno... supongo que depende de cómo lo hagan. Aquí, en el Cochon, lo rebozan finamente y le ponen una salsa picante genial. Estaban maravillosos. Por lo demás, el caimán no sabe a nada especial, aunque su textura es algo dura, como de conejo de hace dos días. Pero eso de que es como el pollo... si se refieren a que no tiene sabor distinguible, vale. Lo que está claro es que es una carne para tratar y depende de lo que la acompañes o le eches al guiso. A la brasa debe de ser como morder una suela de una zapatilla de esparto. 

-El pato con mole y picante, de Frontera Grill, en Chicago. Comida mexicana cuidada y detallista. Sabores intensos pero reconocibles bajo el picante. 

-Mero con verduras, del Husk, en Charleston. Parece simple (y de tan simple, le sobra tanto cilantro que le ponen para darle algo de sabor que no necesita). Aunque esas habitas diminutas, el tomate casero y el mero, claro, perfectamente cocinado, lo llevan a este particular podio. 










Un libro: 'El poder y la gloria', de Graham Greene. Y aprovecho para recuperar aquel día en el béisbol en Chicago, con su cerveza, su perrito cutre que venden entre las gradas, un perrito que me tomé el día antes como Chicago manda (como pidas ketchup te dan patadas hasta Seattle) y, tras el partido, el bocadillo de ternera típico de la ciudad del sitio más típico, el Al's (en su franquicia junto al estadio de los Cubs).





Una película: 'El imperio contraataca'. En mi altar de la ciencia ficción y aventuras. La uso para destacar otros tres grandes platos:

-Salmón del Pacífico norte, en el Spinners, de Gold Beach (Oregón). Más blanquecino de los que conocemos en Europa, un sabor más sutil y elegante y menos intenso. 

-Las tortitas del Ruby's Slipper, en Nueva Orleans. A cada cual mejor: con sabor a crema la primera, de nueces y bacon (sí, bacon, la segunda) y con fresas, arándanos y otra vez bacon la tercera. 

-El surtido de pescado (merluza, vieiras, almejas y gambas: todo frito, claro) del Harbor View, en Bucksport (Maine). 



Un error: El Mickey's Diner de Saint Paul. Mucha fama en todas las guías, mucha cochambre (una limpieza o una inspección de sanidad le vendría bien), pero comida normalita (tostadas tipo bimbo, lomo con vetas y mucha patata para compensar). Encima es el único sitio en el que he estado en todo Estados Unidos en el que no me han rellenado el café ni una sola vez (ni preguntaron). Estaba vacío, no era por exceso de gente. 



Un descubrimiento: El Compass Rose Cafe de Brookings, en la frontera entre Oregón y California. Allá donde estuve atento a la tertulia política de los cazadores. Desayuné muy a gusto tortitas y esta tostada de aguacate con huevo pochado en un sitio muy agradable. Es más una sensación de lo bien que estuve que una comida especial. 



Una imagen: Tomarse un cóctel decadente en el Vesuvio (sí, ellos lo escriben así) de San Francisco. Era el bar donde se reunían los Gingsberg, Kerouac y demás beat. 



Un dato/hecho: Solo he comido hamburguesa en cinco ocasiones... casi como más en España de media que aquí (he estado un mes, no olvidadlo). Y solo puedo destacar la de la primera noche en el Gage, de Chicago. En concreto, era de venado. Tampoco pasaba del 6,5. Luego he tomado en Clear Lake -en una cadena que he olvidado hasta el nombre porque no había otra opción cerca- Bemidji, el posavasos de cartón del Gran Cañón y una en Nueva Orleans en plena juerga. 


Una comida/bebida: Las tortitas han sido la comida del viaje. Me ha dado por ahí este año, seguido de cerca por las french toast (con bastante peor suerte en este segundo ramo). En la imagen, las del Blue Benn en Bennington (Vermont) de este mismo martes. Una de frambuesa y chips de chocolate (espectacular) y otra de plátano y nueves (magnífica).

Lá unica novedad este año en Gettysburg es que me acerqué a la colina donde el 20 de Maine defendió una posición imposible.




Una historia: Como lo que pienso de Gettysburg ya lo conté el año pasado le robo un párrafo a Faulkner de su 'Intruso en el polvo' cuando cuenta a su manera la famosa carga suicida de los sudistas. La traducción es mía directa del inglés para no incurrir en derechos de autor nacionales: 

"Todo depende de ahora y lo sabes. Ayer no habrá terminado hasta mañana y mañana empezó hace diez mil años. En cada chico sureño de 14 años, no una vez sino cada vez que lo desee, hay un instante cuando aún no son las dos en punto de aquel mediodía de julio de 1863, las brigadas están en posición tras la valla del ferrocarril, las armas están preparadas y listas en los bosques y las banderas enrolladas están ya aflojadas para desplegarse y el propio Pickett con sus largos rizos aceitosos y su sombrero probablemente en una mano y su espada en la otra mira ladera arriba a la espera de que Longstreet dé la orden y está todo en el alero, nada ha ocurrido aún, no ha empezado aún siquiera, no sólo no ha empezado aún sino que hay todavía tiempo para que no empiece nada contra esa posición y esas circunstancias que mandarán a la tumba a más hombres que Garnett y Kemper y Armistead y Wilcox, aunque va a comenzar, todos lo sabemos, hemos llegado demasiado lejos con demasiado en juego y en este punto no hace falta ser un chico de 14 años para pensar Esta vez. Puede que esta vez con todo esto por perder y todo esto por ganar: Pensilvania, Maryland, el mundo, la mismísima cúpula dorada de Washington que corone con una victoria desesperada e increíble el gambito desesperado, el órdago lanzado dos años atrás; o para cualquiera que alguna vez haya navegado en un esquife en plena marejada, el momento en 1492 cuando alguien pensó Esto es: el absoluto punto de no retorno, de volver atrás ahora y regresar a casa o navegar irrevocablemente y bien pisar tierra o sumergirse en el borde rugiente del planeta".

lunes, 9 de octubre de 2017

Room 36

Ni Americanity me acomñaba a las habitaciones. Él se quedaba en el coche. En la imagen, en Hannibal, Misuri (septiembre de 2013).


Con más de 20.000 kilómetros de carretera en las cinco rutas pop entre 2013 y 2017, en algún momento tenía que dormir, ¿no?

Seguramente, siempre forme parte de una de las tres preguntas más recurrentes (junto a la comida, en efecto) que me hacen sobre mis rutas: ¿y los hoteles? 

Los hoteles, o los moteles en su mayor parte, pues... un poco de todo. Al ir a lo barato, mucha cadena, algunas de ellas en el límite de la cochambre y otras muy dignas; algún exotismo loco, otros con ínfulas de señorial (sobre todo, en el centro urbano de las ciudades más grandes) y mucho polvo acumulado que clama por una renovación; moquetas omnipresentes, colchas floridas, cuadros anodinos; conserjes con nacionalidades múltiples como para formar una ONU o lugareños inquietantes o simpáticos; microondas, tabla de planchar y plancha en prácticamente todos (aquí en España solo puedes aspirar a ello en los de cuatro o cinco estrellas y reclamándola en conserjería... aunque por lo general te dicen que tienen servicio de lavandería a precios de cena michelín); televisores de los ochenta, noventa, de este milenio: cadenas de cable en todos ellos (aunque creo que he encendido la tele cuatro o cinco veces en los casi 60 días que he pasado allí), solo una vez o dos vecinos ruidosos, aparcamientos desolados cuando me retiro a dormir y casi completos por la mañana, al marcharme a menudo incluso antes de partir (¿a qué hora llegan?) y una duda que me sigue rondando y a la que no encuentro explicación: ¿por qué todos sin excepción tienen máquina de hielos -da igual si hace calor o no- y, sobre todo, por qué le dan tanta importancia?

¿Bichos? 

No he visto ninguno (he sentido mosquitos, eso sí, sobre todo en Louisiana y Texas en julio)... aunque me esfuerzo no ser demasiado observador en los lugares más propensos. 

Por ahora, no me ha correteado ninguno por un brazo o por la cabeza en mitad de la noche. 

Solo, deprimido, agobiado... Biblia en Cadiz, Ohio (septiembre de 2017).

Biblias sí que hay. Porque los hoteles/moteles tienden a ser lugares cruelmente inhóspitos para solitarios. 

Y una sensación recurrente (esta es personal). En Estados Unidos o en España, en Arkansas o en Pennsilvania, en Galicia o en Jaén, siempre me asalta el final de la canción 'Hotel California' cuando llego o salgo un hotel. Esa frase lapidaria de "you can check out anytime you like, but you can never leave".

Mi plaza de aparcamiento, al marcharme del Bucksport Inn, de Maine, en septiembre de 2016.

Algo así me pasa con los hoteles de la ruta. Guardo recuerdos nítidos del 90 y largo por ciento de ellos (es imposible de todos por la impersonalidad de muchos). 

Será que nunca me he terminado de marchar. 

Me dejo ya de habladurías, que hay que registrarse ya (disculpen que, a veces, la habitación aparezca desordenada... a menudo me acordaba de hacer la foto por la mañana, antes de partir... y otras veces no hay imagen que dé testimonio de la habitación, pero creo que en esos casos -apenas tres- eran cadenas sin mucha distinción de otras tantas).

Estos son los 36 alojamientos donde me he hospedado (he repetido en dos ocasiones y en algunos he dormido más de una noche):


-Journey Inn Marion. Marion, Arkansas. 1 de septiembre de 2013




El primer motel de todas mis rutas ha sido el peor de toda la lista. Terrorífico, sucio, viejo, la puerta del baño ni encajaba, el polvo era gas mostaza (como las paredes agrietadas), el agua salía marrón de todos los grifos, el espejo del lavabo era opaco y cruzado por una cicatriz negra en diagonal... como para pensarse la cordura de las rutas solitarias. Pero la ilusión pudo con todo en ese momento (el coche, además, me dio problemas también en aquel arranque: me saltó un aviso de falta de aceite... y tenía 7.000 kilómetros por delante, así que tuve que volver a Memphis, 50 kilómetros atrás, a cambiarlo). Y tras aquella ruta (difícilmente habrá una que mejore a la primera) he seguido rodando cuatro veranos más...  

-Hannibal Inn. Hannibal, Misuri. 2 de septiembre de 2013



Otra pregunta recurrente: ¿cómo los reservo? Pues recomiendo Booking.com por encima de todas las cosas. En esta primera ruta reservé dos alojamientos con hoteles.com (este de Hannibal y el de Oxford) y en ambos tuve problemas (no tenían la reserva registrada). Gente que trabaja en el sector hotelero me hace una comparación muy gráfica con esto de las páginas que recopilan precios y ofertas: hoteles.com (y otras webs con mucho nombre y anuncio) son como las aerolíneas de bajo coste y Booking, por ejemplo, como una aerolínea tradicional. En el mundo de las reservas hoteleras en los USA eso ha supuesto que me han dado no pocas veces mejores habitaciones solo por reservar por este medio. 

Fin de la publicidad. 

-Red Roof Inn Sioux Falls. Siuox Falls, Dakota del Sur. 3 de septiembre de 2013




-Palace Express. Lead, Dakota del Sur. 4 de septiembre de 2013.



Este, también en la cola de los peores, ya ni existe. 


-Trails End Motel Sheridan. Sheridan, Wyoming. 5 de septiembre de 2013



Aquí desayuné rodeado del Primero de Caballería de Texas (el heredero actual del famoso Séptimo de Caballería), con el que luego me topé en el inolvidable Little Big Horn (donde aniquilaron al Séptimo). 


-1st Interstate Inn. Alliance, Nebraska. 6 de septiembre de 2013




-Diamond Motel. Abilene, Kansas. 7 de septiembre de 2013.



-Holiday Lodge. Pittsburh, Kansas. 8 de septiembre de 2013



-Confort Inn Oxford. Oxford, Mississippi. 9 de septiembre-12 de septiembre de 2013



En la tierra de Faulkner, pasé tres noches y dormí, por primera vez, en una habitación cuya superficie casi duplica la de mi casa. Doble cama doble, en un exceso de espacio que luego también he experimentado en otros rincones. Por el formato de la ruta iniciática, a través de las grandes praderas del Medio Oeste, tan lejos de grandes núcleos urbanos, ha sido el más barato de todos en cuanto a alojamiento. La media, 50 euros la noche, con algún sitio de 30 euros apenas (también fue el año, aquel 2013, en el que más favorable estaba el cambio para los que tenemos euros, algo así como un 20% de descuento en la prática: 10 dólares suponían ocho euros, vamos).



Pelham Hotel. New Orleans, Lousiana. 14 de julio-19 de julio de 2014





Una renovación no le vendría nada mal, todo sea dicho. Es uno de esos ejemplos de hotel anquilosado en décadas pasadas. Sin embargo, ostenta varias ventajas: es de los más baratos del centro y está en un lugar perfecto: al borde del French Quarter (en la parte de negocios, es decir, menos deprimida como otros flancos fronterizos al centro como Treme) pero sin estar en el meollo alcohólico y caótico. Además, y aunque no pertenece al hotel, en su planta baja está el Ruby Slipper, uno de los garitos para desayunar más famosos, buenos y accesibles de una ciudad famosa por su comida. 


-America Best Value Inn Greenville. Greenville, Mississippi. 19 de julio de 2014



-Super 8 Tupelo. Tupelo, Mississippi. 20 de julio de 2014



-Motel Inn Dahlonega. Dahlonega, Georgia. 21 de julio de 2014



Uno de los casos en los que no hay foto del interior. Sí hice una desde su aparcamiento el cielo anodino de este rincón perdido del norte de Georgia. 


-Quality Inn Downtown Historic District. Mobile, Alabama. 22 de julio de 2014




-Wyndham Garden Lafayette. Lafayette, Louisiana. 23 de julio de 2014



-Super 8. New Iberia. New Iberia, Lousiana. 24 de julio de 2014



Otro de los que no hay testimonio interior. Sí del exterior. Quizá es que me podían las ganas de salir de habitaciones impersonales y fotografiaba el aire en cambio (al ser un Super 8, podría servir una foto de cualquier otro Super 8: colchas en gris y verde, cuadros gigantescos en blanco y negro, conserjes paquistaníes, un Mcdonalds o Wendy o KFC al lado...). 


-Le Richelieu in the Quarter. New Orleans, Louisiana. 25 de julio-28 de julio de 2014





Cervezas en terrazas o a la puerta. Una costumbre que comencé en la terrazita de un metro cuadrado que me dieron (cortesía de lo que decía antes de Booking, porque no había reservado habitación con terrazita, que eran mucho más caras).






-Pelham Hotel. New Orleans, Lousiana. 6 de julio-11 de julio de 2015







Algo tendrá si repetí, ¿no? Fue una habitación más pequeña (individual) y, para reticentes, os dejo imágenes del desayuno del Ruby Slipper.


-Blue Moon Saloon and Guesthouse. Lafayette, Louisiana. 11 de julio de 2015






Aquí me empeñé en dormir después de conocer su versión saloon el año anterior. Porque su encanto es que es un garito donde hay música en directo y lugareños apasionados (poco turista en este rincón perdido del Estado). Como casi siempre ocurre, lo pasé mejor el primer año que en la repetición (además, se sumaron otros problemas logísticos con el coche). Había que reservar directamente con ellos (no están en ninguna web de hoteles).

Ah, la cabacera de la cama daba al escenario, con lo que había que esperar a que acabase el show para dormir.  

-Luling Inn. Luling, Texas. 12 de julio de 2015





-Sanderson Motel. Sanderson, Texas. 13 de julio de 2015





Como una hora estuve esperando que apareciera alguien por recepción. Fuera de esa sombra donde se aprecia mi coche harían unos 50 grados fácil. Sanderson es un pueblecito del sur de Texas en el que es sencillo imaginar cómo era el Salvaje Oeste. Porque por allí solo corría el polvo y, de vez en cuando, una patrullera de los policías de frontera (la carretera corre en paralelo apenas 15 kilómetros al norte del Río Grande, que es lo que separa a México de USA).

Por lo tanto, los motivos africanos de la habitación se hacen especialmente incomprensibles. 


-Fort Davis Drug Store and Hotel. Fort Davis, Texas. 14 de julio de 2015





Aquí, sin embargo, los motivos ornamentales son vaqueros, imitación de piel de vaca incluidos en las cenefas. Además, se desayunaba bien allí.


-Classic Inn Motel. Alamogordo, New Mexico. 15 de julio de 2015






Estaba tan emocionado, al anochecer y al amanecer con las White Sands aledañas que ni desde el aparcamiento hice foto. Era un motel de cadena, nada especial, por otra parte (aunque sí le recuerdo un conserje especialmente antipático). Dejo, a cambio, foto del diner donde me tomé una hamburguesa con dos tipos de jalapeños distintos bastante bastante buena. Y unas alitas picantes que, con lo primero, me tuvieron bebiendo agua hasta cuatro meses después. 


-Sandia Peak Inn. Albuquerque, New Mexico. 16 de julio-18 de julio de 2015




-America Best Value Inn. Garden City, Kansas. 18 de julio de 2015




-Motel 6. Paris, Texas. 19 de julio de 2015




Al igual que evito mirar las esquinas para no descubrir bichos, mi relación con otros huéspedes la mantengo a los mínimos de la educación, es decir, saludos y poco más. De este lugar recuerdo que había un movimiento muy extraño en su aparcamiento entre varios coches por parte de unos tipos no menos extraños. 


-Andrew Jackson Hotel French Quarter. New Orleans, Lousiana. 20 de julio-23 de julio de 2015 






Otro ejemplo de mejora no solicitada de la habitación reservada. El mejor ejemplo, puesto que me dieron la que es seguramente habitación estrella del local: con balcón enorme (todo el ancho de la habitación) a la la calle, que, como el nombre del hotel dice, se encuentra en el French Quarter (el centro histórico de New Orleans). Además, te traían a la habitación un pequeño desayuno (incluido en el precio) consistente en una jarra de café y un cruasán recién horneado. Lo único malo es que en New Orleans, a finales de julio, el calor que hace incluso al amanecer es inhumano... pero eso es casi quejarse por vicio porque esta habitación con estas prestaciones cuesta como el triple de lo que pagué...  

Además, el hotel es famoso porque dicen que el fantasma de Andrew Jackson (el primer presidente del sur profundo, ese al que comparan a Trump) deambula por sus habitaciones. Yo dormí, desayuné y estuve estupendamente. 






-Boston Omni Parker House Hotel. Boston, Massachusetts. 4 de septiembre-6 de septiembre de 2016






El hotel más caro donde me he hospedado. A la fuerza, porque los precios medios de Boston son prohibitivos y, por una oferta que logré, pude quedarme al precio habitual en un local como éste, el hotel más antiguo de los USA (sin que haya cerrado nunca desde su fundación en 1855) y un clásico donde también habitan fantasmas e imágenes históricas, toda vez que aquí se hospedaba Kennedy (en su restaurante dicen que pidió matrimonio a Jackie) o era un asiduo Mark Twain. También inventaron la Boston Cream Pie, a la que no dejé escapar en ninguno de los dos desayunos. 


-Provincetown Inn. Provincetown, Massachusetts. 6 de septiembre de 2016







En el extremo de la península de Cape Cod (lugar de veraneo de ricachones de la costa este), fuera de temporada... ¿soy yo o esos pasillos que conducían a la zona de habitaciones desde la entrada no tienen cierto aire al Resplandor? (tantos años después, me pregunto las piernas que tenía Danny... porque ir a eso velocidad en la bicicleta sobre moquetas no debía ser fácil). 


-Bucksport Motor Inn. Bucksport, Maine. 7 de septiembre-12 de septiembre de 2016






Mi rinconcito en Maine. Un motel familiar (alejado de la impersonalidad de las cadenas), donde te dejan tranquilo y haces vida (duermes o lo que sea) tranquilo. Cerveza a la puerta mientras leo (a Stephen King, por supuesto), caminatas por el paseo fluvial junto al centro urbano a unos diez minutos del motel andando, supermercado donde venden manzanas, tomates o arándanos de Maine justo enfrente... 






-Alexander Inn. Philadelphia, Pensilvania. 7 de septiembre-9 de septiembre de 2017





Al igual que el Pelham con New Orleans, la mejor opción precio-ubicación del centro de Philadelphia. Con la diferencia de que este sí lo han renovado hace menos tiempo.


-Blue Sky Motel. Gettysburg, Pensilvania. 9 de septiembre de 2017



Como regalo de cumpleaños de 2017 me encontré con el segundo peor hotel/motel de toda la ruta. El agua salía transparente, al menos. 


-Super 8 Suffolk Tidewater. Suffolk, Virginia. 10 de septiembre de 2017


Nada especial, si bien los Super 8 tienen la virtud de parecer en imagen mucho mejor de lo que son en realidad. Aun así, había un ambiente muy extraño esa noche en esta esquina de Virginia. Cené una ensalada de Mcdonalds mientras veía las noticias del huracán que había anegado Florida (sería esa vibración la que había en el ambiente, pese a estar cientos de kilómetros al norte). 


-Days Inn Morristown. Morristown, Tennessee. 11 de septiembre de 2017




Las vibraciones se convirtieron en cola muy residual del huracán en este remoto punto de Tennessee (a unos 1.300 kilómetros de Naples, la localidad más afectada por 'Irma'), con lluvias racheadas y un viento de unos 60 kilómetros por hora... algo que no impresiona a un gaditano, pero está claro que la atmósfera estaba viciada. 

-Days Inn Cadiz. Cadiz, Ohio. 12 de septiembre de 2017



-Fairbridge Inn Express. Milford, Pensilvania. 13 de septiembre de 2017




-Bucksport Motor Inn. Bucksport, Maine. 14 de septiembre-18 de septiembre de 2017




De regreso a casa, esta vez a una habitación más acogedora por su tamaño, con una cama en lugar de dos y una extensión razonable para una sola persona. Además, estaba a la vuelta del establecimiento principal, con lo que la alejaba del ajetreo de tráfico de la carretera. Perfecta. 

-Inn at Saint John . Portland, Maine. 18 de septiembre de 2017



Fin de trayecto... por ahora. Misma recomendación que con el Pelham de New Orleans o el Alexander de Philadelphia para una ciudad pequeña como el Portland de Maine que, al ser la capital oficiosa del Estado (sobre todo, en su aspecto turístico) es particularmente cara. No hay ascensor y las escaleras son empinadas y endiabladas... tampoco tienen baño particular todas las habitaciones (ojo con eso al reservar).