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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Derrota, rendición, victoria

 

Esta historia se cuenta al revés. Comienza (porque no termina del todo aquí) al norte de Dakota del Norte, donde confluyen el río Misuri (que, pese a ser afluente del Mississippi, es el río más largo de Estados Unidos, unos 160 kilómetros más) y el Yellowstone. A estas alturas, el Misuri es más pequeño y el que da nombre al parque (y a una serie fenómeno de estos tiempos) tiene más entidad, se come prácticamente al otro: 


A mi espalda, en el promontorio desde donde hago la foto anterior seguramente se erigía uno de los fuertes más importantes en la frontera más recóndita del país, el Fort Buford. Allí, donde a principios del siglo XIX los ubicuos Lewis y Clark habían tomado nota del cruce de ríos gigantes, el Ejército americano erigió uno de sus campamentos más importantes en el tramo final de las guerras indias y que luego convertiría en cárcel para quien se fuera rindiendo. 

Que fue el caso de Toro Sentado en 1881. El gran líder espiritual (y guerrero) llevaba más de veinte años peleando con la caballería yanqui, una vez que los de azul ganaron la guerra de Secesión contra los grises. Antes, Tatanka Iyotanka (su nombre en lakota) se había ganado el privilegio de mandar en las praderas comprendidas entre el oeste de las dos Dakota actuales y el este de Montana. Territorio siuox que había conquistado contra otras tribus (como los crow). Y territorio que defendió hasta la victoria más sonada de las llamadas guerras indias: Little Bighorn, donde una confederación de tribus hartas de ser aplastadas por las Gatling y la formación militar de West Point machacó al Séptimo de Caballería de Custer. Eso fue a mediados de 1876 y la victoria les costó cara. Desde el DC fueron con todo para aplastar a los indios y Toro Sentado huyó a Canadá.

                                            Lo que queda de Fort Buford

Cuatro años después, Toro Sentado volvió y se rindió en Fort Buford. Pactó una serie de acuerdos que, para variar, no cumplieron los soldados, fue de detención en detención, lo metieron de secundario de lujo en el espectáculo de Buffalo Bill por todo el país y al final lo mataron a traición en otra prisión-reserva.  

No voy a volver a contar qué pasó en Little Bighorn. Aquí está según lo vi en 2018 y en este otro enlace, recupero una especie de crónica contada en 2013, en mi primera visita. Luego está la maldición que se tenía merecida Custer desde hace tiempo por lo que hizo en Oklahoma (aunque lo repitió en muchos sitios, lo de masacrar a mujeres, niños y ancianos) y que narro en este otro viaje

El caso es que mi día ha terminado en Little Bighorn por tercera vez. 

Y no, los Estados Unidos de América no iban a dejar impune la afrenta. Es cierto que el parque como tal trata de ser equidistante, aunque no fue hasta 1991 que se cambió el nombre al monumento por 'Batalla de Litlle Big Horn' en lugar de General Custer, como había sido hasta entonces. Hay recuerdos para indios y soldados, oficiales y civiles. Hasta para los caballos. 





Ya estoy hablando otra vez de aquello cuando quiero hablar de ahora. La victoria está clara: Little Bighorn. La rendición, la de Fort Buford. La derrota es de hoy. 

La esquina más sagrada para las grandes tribus de las praderas hasta que les echaron hace siglo y poco más es tratada ahora con el sistema de extracción más radical que se puede pensar: el fracking. En apenas 15 años, Dakota del Norte ha pasado de la nada a ser el mayor productor de petróleo solo por detrás de Texas y Nuevo México, con picos de 1,5 millones de barriles al día, según datos oficiales del propio Estado. Esto ha supuesto que la renta per cápita penara en los 20.000 dólares al terminar la primera década de este siglo y que ahora se sitúe en 68.000 dólares. 


El mismo corazón de todos esos puntos rojos es el condado de Williams, a cuyas afueras está Ford Buford y donde se aprovecha los caudales del Misuri y del Yellowstone. 

El paisaje, a menudo, recuerda a una entrega de Mad Max, con fuegos, tanques, extractores en medio de la nada.





Hablando de 'en medio de la nada'. Desde los tiempos de Amparito (que es así como llamaba a mi viejo GPS antes de jubilarlo en aras de míster Google) no me la liaban tanto como esta mañana al tomar mal un desvío.


No, no había amanecido aún y aquí todavía había roderas. Luego, ni eso, con las ramas llegando a la altura de mi cintura (que no es que sea una altura espectacular, pero acojona), con las ruedas derrapando y, encima, terminando en la puerta de una central de estas de petróleo. 


No sé si habéis visto 'Wind river' (la recomiendo como de lo mejorcito del cine yanqui de los últimos años, con Taylor Sheridan -sí, el de Yellostone- tras la cámara y el papel de guionista). El caso es que va de una cuadrilla de trabajadores de estas plataformas que va matando y violando a indígenas como si nada. No digo que todos sean así (eso espero). Pero el ambiente que hay en los pueblos de la zona, repletos de casinos, clubs (de beber y de todo lo demás) y mal rollo general no lo quita nadie. Incluso Bloomberg hablaba hace unos meses que tanto trabajador con mucha pasta que gastar y poco que hacer (no olvidemos que es septiembre, que en no mucho tiempo empieza a nevar y no para hasta mayo) ha provocado que se disparen los desahucios forzosos de inquilinos de toda la vida. Para dejar hueco a los trabajadores con pasta fresca. 

Así que aquí está la derrota de Toro Sentado y esa 'forma de vida' que defendían los nativos que murieron en Little Bighorn (eso pone en sus lápidas): su tierra sagrada violada. Y muchas de sus jóvenes descendientes, también (y asesinadas y desaparecidas; no necesariamente por blancos, eso sí).


PD: Tampoco el de la violencia contra las jóvenes nativas se da en Dakota del Norte y sus condiciones particulares. En la enorme reserva Crow, en el condado de Bighorn, también pagan carteles a pide de autopista. 







domingo, 22 de julio de 2018

Hoja 17: El sol siempre sale



(Nota previa: si quieres saber de qué va esto, lo explico más o menos aquí y las normas aquí)

Oxford (Mississippi)-Nueva Orleans (Luisiana): 600 kilómetros.







Una canción: 'The House of the Rising Sun', de The Animals. No podía ser otra. Originariamente titulada 'The Rising Sun Blues', es un clásico de esta ciudad y me ha acompañado desde que tenía apenas 12 años y se coló en un recopilatorio de canciones antiguas que llegó a mis manos. 






Velada de sábado tarde en el Spotted Cat, de Frenchmen Street, un habitual de la serie Treme.

Una película/serie: 'Treme', de David Simon. Considerada por muchos obra menor del autor de 'The Wire', para mí es de las mejores posibles. Me enamoré de Nueva Orleans antes, durante y después de verla y antes, durante y después de conocer la ciudad en persona.


No es una columna, sino un pedestal sin su estatua. Ahí arriba estaba el general Lee, y la plaza se llamaba Lee Circle. Pero, como en otras ciudades, han decidido ir erradicando símbolos confederados y Lee era el jefe máximo de los grises. 

Un libro: 'La conjura de los necios', de John Kennedy Toole. Libro ambientado en esa Nueva Orleans mugrienta y enajenada, sucia y límite. Una novela maldita porque se publicó después de que su autor, tras enviarla a decenas de editoriales y ser rechazado, se suicidase. Fue su madre la que retomó el ingrato trabajo del hijo y lo intentó durante once años, hasta que se puso en contacto con Walker Percy (autor de otra estupenda novela ambientada en Nueva Orleans, 'El cinéfilo', y que sí había tenido éxito), quien medió ante las editoriales. Se publicó en 1980 y en 1981 ganó el Pulitzer. Pero su autor llevaba casi doce años muerto para entonces.


El tipo que me hizo la foto llevaba una cámara que podría costar la mitad del PIB de Japón y se puso a hacer escorzos para pillar angulo (casi se mata contra un cañón que hay detrás). Quizá la moda en fotografía ahora sea cortar las cosas por los extremos. 



Un descubrimiento: La ciudad se ha adecentado ligeramente para el turista. En el camino, ha perdido algo de encanto: por ejemplo, hace tres años se podía bajar hasta el río por una destartalada escalera de madera que te llevaba hasta el agua si querías. Ahora lo han cambiado por unas gradas de cemento que te dejan a unos metros (lo otro es verdad que es un poco peligroso en una ciudad de borrachos como esta). También, para llegar hasta aquí han arreglado el camino existente desde la plaza de Jackson: antes había que atravesar unas vías de tren en un entorno como en una novela de Dickens. En 2018, está bien pavimentado y mono. Serán los festejos por los 300 años de historia. 


Monumento a los inmigrantes italianos junto al paseo del río.

Un error: Seguir empeñado en que es buena idea eso de irme a andar bajo este calor de bochorno y barbecho que hay en Nueva Orleans.




Un dato/hecho: En 1719, los barcos 'Aurore' y 'Duc du Maine' llegaron a Nueva Orleans con 451 esclavos a bordo. Fue el inicio de un siglo de trata de personas reglada que, incluso prohibida en 1808, seguiría produciéndose en este puerto hasta mediados de siglo. Ah... lo permitieron en ese tiempo franceses, españoles y americanos.




Una comida/bebida: La Muffuletta de Cochon Butcher es el mejor bocadillo que he probado. No tengo nada más que decir. 




Una imagen: Una postal en mitad de la nada del Estado de Mississippi, donde la vegetación exagerada que origina el cercano río madre ha atrapado para siempre a este tren de mercancías. 


Puerta de un garaje real con las indicaciones que se apuntaban en los días posteriores al Katrina para los equipos de salvamento. Está en una exposición que organiza el Cabildo. 

Una historia: Podrían ser 1.833 historias, aunque me voy a atener a los hechos:

-Nueva Orleans ha sufrido desde su fundación múltiples incendios e inundaciones que han arrasado la ciudad una y otra vez. La crecida de 1927 es especialmente famosa porque incitó a las autoridades a tomar medidas de una vez para protegerse. Igualmente, es menos famosa pero sí una vergüenza que en aquel año se decidiese abrir las compuertas de las zonas cercanas a los barrios más pobres para impedir que el agua llegase a los ricos. Donde pone pobre ponga negro y rico, blanco. 

-Durante décadas, parecía que las medidas de ingeniería funcionaban. Lo que no sabían es que las decisiones adoptadas para protegerse de las crecidas y venidas del Mississippi habían dejado desprotegida (erosionando recursos naturales que llevaban milenios) a la ciudad de otro tipo de inundaciones: las de huracanes y tormentas que subieran el nivel del mar y de las marismas circundantes.


Un osito enfangado.


-Los expertos se han llevado medio siglo advirtiendo que esto pasaría.

-El 9 de septiembre de 1965, se desató sobre Luisiana Betsy, más conocida como la Billion Dollar Betsy, ya que fue la primera tormenta que provocó daños por encima de esa cantidad. Dos semanas después de que muriesen 68 personas y fueran rescatadas 22.000, el Congreso aprobó una serie de medidas de protección de la ciudad. 


El piano de Fats Domino, tal y como quedó. Domino, la estrella del rock, vivía en el Ninth Ward, el barrio más perjudicado por el Katrina.

-A finales de agosto de 2005, el Huracán Katrina impactó contra Nueva Orleans. Habían pasado 40 años desde Betsy y jamás se terminaron esas obras de emergencia por falta de fondos. 

-Alrededor de un milón y medio de personas de toda Luisiana fueron evacuadas. En Nueva Orleanas se quedaron unas 100.000, hasta 35.000 de ellas hacinadas en el Superdome (estadio de fútbol americano). 

-Betsy había añadido una frase a la cultura popular de Nueva Orleans: "ten un hacha en el ático'. Se refería a que cuando viene una inundación, una familia corre a la parte más alta de la casa, para encontrarse que no tiene salida. Con un hacha en el ático, puedes romper el techo y salir. 


Tommie Elton Mabry quedó atrapado en un apartamento en un barrio de las afueras. Se dedicó a escribir en la pared un diario con sus experiencias.

-Durante el Katrina, no solo murieron personas ahogadas, por accidente o golpeadas con restos que volaban en el huracán. Un número muy elevado murió en sus casas, deshidratadas, sin nada que beber o comer, de un ataque al corazón o por carencia de medicinas. No en vano, la mitad de las víctimas fueron personas mayores de 75 años (ese rango de edad apenas supone el 6% de la población). En los hospitales murieron antes de ser rescatadas casi 200 personas. 

-Las autoridades federales se escudaron en que Nueva Orleans era una ciudad sin ley para no actuar. Había pillaje y hasta francotiradores que disparaban a la policía, decían. Los testigos presenciales lo niegan. En los tribunales aún se dirimen casos que hablan de lo contrario: una decena de policías son investigados por disparar a gente desarmada.

-"¿Es esto América?". Se preguntó un periodista de Chicago, avergonzado de que el Gobierno no actuase. El periódico local, el Times Pycayune, nunca dejó de informar por internet y volvió a salir en papel cuatro días después de que el Huracán golpease con fuerza 5 la ciudad. Los periodistas iban en lanchas a cubrir las historias.  

-Las 1.833 historias de las que hablaba al principio podrían ser las de cada una de las personas que murieron por culpa del Katrina.   

viernes, 20 de julio de 2018

Hoja 16: Un tipo que escribe

Rowan Oak, el epicentro del universo Faulkner.


(Nota previa: si quieres saber de qué va esto, lo explico más o menos aquí y las normas aquí)

París (Texas)-Arkansas-Memphis (Tennesse)-Oxford (Mississippi): 740 kilómetros.

Y yo que creía que Arkansas solo iba a ser un lugar de paso más.

Un descubrimiento (más largo de lo habitual pero lo merece): Ocurrió por fin: me ha parado la policía en una autopista. Después de más de 30.000 kilómetros por carreteras americanas, era una cuestión de estadística y yo empezaba a tirar muy por arriba. Ha sido en Arkansas, muy cerca de Hope, pueblo donde vivió sus primeros años Bill Clinton. 

Las ocho y media de la mañana y veo que un coche de policía va a adelantarme. Pero no lo hace, se mantiene a mi lado. Miro mi velocidad y voy bien, intento recordar si he corrido en los últimos kilómetros y no lo creo. Espero a que pase. No lo hace, se pone detrás y pienso que irá a tomar la siguiente salida para cambiar de sentido. 

Y pone las luces. 

O sea, que tengo que parar. Lo hago, claro, y veo que el hombre, de unos cuarenta años, ojos azules, una cicatriz en la barbilla como si le hubieran arañado (¿un preso? ¿su perro? ¿su hijo?) con sombrero como de policía montada y camisa azulona se me acerca por la ventanilla del copiloto (la mía da a la autopista por donde zumban los coches). 

En fin: me hago espoiler: no ha habido multa y ni siquiera reprimenda. El agente, muy amable en todo momento, me ha parado porque había visto que había hecho un movimiento brusco y creía que podía estar cansado o tener sueño. Hemos estado charlando un rato de mi ruta, de lo que he hecho, ha flipado con lo que llevaba este verano y con que sume seis años viviendo a los USA a hacer viajes, me ha preguntado por mi trabajo en un tono como para mantener la conversación (los papeles apenas los ha mirado)y al final me ha dicho que siga adelante pero que me compre ya un café. La verdad es que iba mirando el móvil porque empezaba a dormirme y es una forma de distraerme unos momentos. En cuanto al sueño, se me ha quitado de golpe con el susto. 

Sol de justicia sobre el hotel donde mataron a MLK en Memphis.

Un error: Creerme el más valiente y pensar que esto del calor ya no me afecta. Pero claro, 40 grados con el Mississippi a la verita son mucho más que 40 grados. Primero en Memphis y luego en Oxford me he empeñado en hacerme caminatas. Y en ambos casos he tenido que cambiarme de camiseta luego.



Una comida/bebida: Desayuno en el Café Ward's 24 horas de París. Escribo esto antes de cenar y es lo único que he comido hoy, así que no hay opción. Pero las tostadas estaban ricas y la salchicha (lo llaman salchicha pese a que parece hamburguesa) tenía un toque picante curioso.


Faulkner pintó sobre las paredes de su despacho las notas de escritura de 'Una fábula'. novela por la que ganaría el Pulitzer y mi segunda favorita.

Una cancion: 'History', de The Verve. Más conocidos por su 'Bitter Sweet Simphony' (aunque muchos piensen que es de Oasis), a mí me gusta más. Es que me gusta mucho esa palabra, historia.

 

Memphis tiene una colección curiosa de murales.

Una película/serie: 'Quarry', 'Hap and Leonard' y la primera temporada de 'True Detective'. Tres ejemplos de series ambientadas en este Delta del Mississippi. La primera, lenta de digerir y dura, tiene una de las mejores escenas (uno de esos famosos planos secuencias) de los últimos tiempos en su último episodio. Y está ambientada en un Memphis decadente post Vietnam. La segunda es una cosa entretenida, gamberra y que mejora con los capítulos. Y si no habéis visto la primera temporada de True ya estáis tardando. Hablando de True, True Blood también es de esta zona, pero es que desbarra tanto a partir de la tercera temporada que da vergüenza nombrarla. 

El Hotel intenta mantener la forma que tenía en abril de hace ahora 50 años.

Un dato/hecho: Prácticamente, nueve de cada diez turistas en torno al hotel donde mataron a Martin Luther King el 4 de abril de 1958 era negro. Lógico, pensaréis. Lo es, concedo. Sin embargo, si tuviera que hacer una estadística de los negros que he visto en todos los lugares turísticos donde he estado (no hablo de calles céntricas de grandes ciudades), la proporción es que son uno de cada 100. O uno de cada 200. Está claro que el turismo es un lujo y el salto de nivel adquisitivo muy grande aún entre razas. 



Una imagen: La habitación 117 del Marion Journey Inn, en Marion, Arkansas (a las afueras de Memphis). En esta habitación dormí mi primera noche el 1 de septiembre de 2013, la primera jornada de una Ruta Pop.



Un libro: 'Luz de agosto'. de William Faulkner. ¿Cuál es tu novela preferida de Faulkner? Esta, de la que hoy he aprendido que le dio el título a su autor Estelle, su mujer, por esa especial incidencia que tiene la luz en el mes más caluroso del año. Estamos casi en agosto, así que concededme la fotito.

El último despacho de Faulkner, donde escribió, por ejemplo, 'Una fábula'



Una historia: Rowan Oak, la casa donde William Faulkner vivió durante más de tres décadas hasta su muerte está repleta de citas del escritor intentando justificarse por qué se dedicaba a escribir. Al final, y tras darle muchas vueltas (marca personal del caballero sureño en cuestión) llega a la conclusión de que no sabía hacer otra cosa. Que es lo que era y punto. Que tenía que escribir y escribir y quizá de tanto escribir saliera algo bueno. Aunque ni siquiera fuera su intención escribir algo que perdurase o que fuera bueno pese a que obviamente cuando escribía algo bueno se alegraba, se echaba al coleto un lingotazo de bourbon extra a los ya muchos que llevara en el cuerpo y se dormía feliz. Hasta la mañana siguiente que le entraban las dudas sobre lo escrito. Y se maldecía, y renegaba, y se tomaba dos lingotazos extras o se iba (o las dos cosas consecutivas) a montar a caballo para airearse las ideas (que no la curda). Porque tenía que tener las ideas claras para seguir haciendo lo que solo sabía hacer: escribir. 

Para empezar, a ver cómo se lo explicaba a su futuro suegro. Lo de escribir y no vender trajes. Estelle y William estaban enamorados desde el instituto pero cuando le pidió la mano al padre de la chica este le rechazó porque el tipo ese decía que quería ser escritor. Que eso no es forma de ganarse la vida. Estelle se casó con otro. Y William siguió escribiendo, se fue a Nueva Orleans a ver cómo era eso de la vida de escritor y poco a poco se fue haciendo un hueco. Estelle se divorció y William y ella pudieron casarse al fin. Faulkner escribió entonces algunas de sus obras maestras en los años de la Gran Depresión (finales de los veinte, principios de los treinta) y se compró una casa en su pueblo de toda la vida. Mientras que compañeros de generación cazaban elefantes en el Himalaya o corrían delante de los toros en Pamplona, mientras que algunos se acababan las reservas de alcohol de Nueva York y apuraban su vida juerguista, Faulkner era feliz en su casita del centro de Oxford y, sobre todo, en el mundo personal que creó en sus libros, un trasunto universalizante de sus propios vecinos, un condado ficticio, el de Yoknapatawpha, en el que hay más verdad que en todos los periódicos del mundo.

Como el propio William sobre eso de ser escritor, yo tampoco sabría decir por qué me gusta tanto Faulkner y daría muchas vueltas (también soy muy dado a los circunloquios, lo sé). Hay algo de descubrimiento en el momento adecuado, de dandismo universitario (te tienes que aficionar a saco de algo un poco fuera de lo habitual pero con prestigio), de cercanía geográfica (el sur siempre es el sur), de grandeza en lo pequeño, de fatalidad y destino, de crueldad y bondad. 

No sé. Me gusta y punto. Sé que tampoco es alguien al que pueda recomendar abiertamente, aunque la literatura es tan personal, al fin y al cabo, que nunca sabes dónde puede brotar la pasión (en la casa museo había una chica de visita que se ha puesto a hablar con la estudiante de Literatura de la misma Universidad de Mississippi que atiende a las pocas visitas en verano; la local ha dado por hecho que la otra había estudiado también Literatura y ha contestado que no, que era trabajadora social). 

Faulkner, en fin, me cae bien. Hay una foto en una esquina de su casa donde se destaca que es la única imagen que existe en la que se puede discernir cierto gesto amable en el rostro de Faulkner. Y en otra esquina se cuenta, no obstante, una anécdota de cuando el pretendiente de su hija durmió en la noche previa a la pedida en Rowan Oak y se despertó a la mañana siguiente con una serpiente en los pies. "Es Penélope", le contestó Faulkner, esperando que no le hubiera hecho daño porque allí no se respeta a Penélope. A todas las serpientes que aparecían en la casa las llamaba igual.  

Era un tipo serio por convicción, al que le gustaba el whisky y la mujer de la que se enamoró. Un tipo serio de puertas hacia fuera porque tampoco quería caer bien al mundo. Eso le daba igual. Como poco le importaba el ego. De haberle importado quizá se hubiera ido a vivir a Nueva Orleans o a San Francisco, Nueva York o París. 

Se quedó en su tierra, junto a los suyos. Siguió escribiendo y le reconoció a un amigo que, al final de todo, no importa tanto dejar huella indeleble o ser famoso. Por supuesto: quizá no escribiría ahora como hizo entonces sus primeros libros. Es lo de menos, porque lo importante es que escribió y escribió y escribió. 

Solo quería que le recordasen por una sola frase: "Escribió libros y murió".

Menos mal que lo hizo en ese orden.  








lunes, 16 de julio de 2018

Hoja 12: Paul Newman y Cristiano Ronaldo



Tormenta sobre el cañón.


(Nota previa: si quieres saber de qué va esto, lo explico más o menos aquí y las normas aquí)

Joshua Tree (California)-Las Vegas (Nevada)-Grand Canyon Village (Arizona): 780 kilómetros.




Un libro: 'De ratones y hombres', de John Steinbeck. Una novelita corta pero intensa, dura y contundente. Un relato de ese Estados Unidos sin futuro, sin esperanza, sin nada que echarse al orgullo. Un paí
s, una idea de país, demasiado grande para una persona normal. Por si no queréis ir a lo grande con 'Las uvas de la ira'. Que también deberíais. 


El desierto de Mojave, en cuyas lindes hay acres por un tubo en venta.

Una canción: 'Love for sale', de Talking Heads. Ya que todo está en venta en el desierto, recupero esta canción que seguramente fue de mis preferidas desde muy pequeño (hablo de los diez años o así). Aún hoy añoro a este grupo y todo lo que hacía. Pero ese riff de guitarra es bestial.




Al igual que en Joshua Tree pueblo, la vecina 29 Palms (29 palmeras) también es territorio comanche. No conté si hay 29 palmeras. Supongo que alguna más. No demasiadas, pero alguna más. 

Una película/serie: 'Justified'. Ya que no voy a estar por Kentucky ni de cerca este año (ya visité Harlan, de hecho, el año pasado), escojo otras de esas series a las que le tengo especial cariño y devoción. Porque, al fin y al cabo, también iba de esa América al otro lado del sueño de progreso, el que subsiste como puede.



Una comida/bebida: Olvidad la hamburguesa de pavo en versión suela de zapato del primer plano. Lo que se merece ser destacado es la cerveza que está detrás. Se llama Sweet Devil Stout y elabora la College Street Brewhouse, de la misma Arizona.



Un dato/hecho: El primer europeo que vio el Cañón del Colorado era, por supuesto, español: el capitán García López de Cárdenas, que pertenecía a la expedición de Vázquez de Coronado que andaba remontando desde México en busca de las ciudades míticas de oro. Los primeros en bajar el cañón y en descubrir el río también fueron españoles, pero en el parque solo he visto referencias a un tal Powell, americano que lideró la primera expedición científica... tres siglos después de los españoles. 



Un descubrimiento: Hay americanos que saben utilizar el zoom, encuadrar, tener en cuenta el fondo y a la persona a la que le estás haciendo fotos... tengo alguna del viaje que no he enseñado que es para echarse a llorar. E incluso esta mujer de hoy en el Cañón no paró hasta sacarme una bien (las tres primeras son horrorosas). Pero lo hizo por su cuenta.





Un error: En el día de hoy, una elección de lo menos malo. Me hubiera gustado, viniendo para el Gran Cañón, conducir un tramo largo de la antigua ruta 66 por Arizona, pero era añadir una hora más a la paliza. Además, ya lo hice en 2009. Gajes de una ruta apretada.




Una historia: Ha sido un día extraño. Madrugón para ir a ver el amanecer en el Joshua Tree (a las tres en pie ya), muchos kilómetros sobre desiertos desolados (lo que no está del todo mal porque tiene su encanto) y autopistas insulsas (esto es mucho peor). Y calor, calor del desierto. Y hasta lluvia... que no deja de ser curioso que, tras casi 8.000 kilómetros de ruta ya el único sitio donde me ha llovido sea en el desierto de Arizona. 

Además, me ha dado por desviarme un poco y meterme en el Strip de Las Vegas porque sí, por capricho. Me he recorrido la mitad, he descubierto que hay bastantes más edificios que hace nueve años (y más brillantes y más descarados) pese a que creía que ya no había sitio... y luego he enfilado hacia el Gran Cañón del Colorado, donde eso que he dicho ya alguna vez en esta ruta (que por muchas fotos que haga jamás se hará justicia al original) cobra toda su dimensión. Pueden gustarme más otros diez sitios, puedo volver inexorablemente a Nueva Orleans o a Maine, pero si tuviera que decir un solo sitio que hay que ver con tus propios ojos de todo USA ese es el Gran Cañón. Escribir sobre él es más en vano que hacerle fotos.

Ni aunque seas un inconsciente y te sitúes al borde de un precipicio para hacerte un selfie... lo que me hace pensar que los viejos espíritus de la decena de tribus que reclaman el Cañón como tierra de sus antepasados cuidan del turista irresponsable. Sin barandillas, con desfiladeros de arcilla y de tierra durante kilómetros para ansiar las ganas de inmortalizarse de millones de visitantes y no es que se lean muchas noticias de desgracias. O será como lo de los balcones de Sitges, que ya no es noticia. 

Ya. ¿Por qué se llama este post Paul Newman y Cristiano Ronaldo? Porque Paul es el Gran Cañón del Colorado y Cristiano es Las Vegas. Uno es una fuerza de la naturaleza y el otro un macarra con ínfulas y complejo de inferioridad.

El segundo hace todo lo posible por ser uno entre un millón. Lo tiene todo: el dinero, ciertas dotes, ambición, algunos mínimos físicos pero, sobre todo, es un tipo que quiere ser el número uno. Eso es hasta comprensible. 

Pero, al final, lo que la naturaleza ha hecho siempre superará a lo que el hombre sea capaz de poner en pie. Gran Cañón. Las Vegas. Por su cercanía, es posible que un turista que vaya a un sitio y al otro (dependiendo de si es un turista de juerga o de naturaleza, que se quedarán en su elección). Esa misma cercanía, eso de estar en el mismo paquete vacacional no deja de ser una faena para el hombre que ha querido erigir un paraíso de plástico y luces en mitad de la nada. Cuando hay tanto no muy lejos.  

Hagan fotos o hagan juego. En Estados Unidos, en Los Ángeles o en Joshua Tree, en San Francisco o el Pacífico, en Nueva York o en las cataratas del Niágara, en Chicago o en Yellowstone, en los rascacielos o en los cielos infinitos. La conquista del Oeste o la rendición de los indios. Siempre hay dos caras. Nos gusta lo pop, lo que sale en las películas, lo que vemos desde pequeñitos de una forma o de otra. Aunque, al final, lo que nos deja sin palabras es lo que solo se puede ver en persona y no a través de una pantalla. Y una foto es reducir a una pantalla un recuerdo. Ayuda, es útil, hasta le tenemos cariño y nos aferramos a ello. Perfecto: mientras no olvidemos que primero estuvimos allí.